Aunque México mantiene ventajas por el T-MEC, los sectores automotriz y electrónico enfrentan mayor competencia de China.
La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha convertido a México en uno de los principales beneficiarios de la reconfiguración de las cadenas globales de suministro. La llegada de nuevas inversiones, la relocalización de fábricas y el fortalecimiento del T-MEC han impulsado la actividad manufacturera nacional en los últimos años.
Sin embargo, detrás de esta oportunidad emerge una vulnerabilidad que podría afectar a algunos de los sectores más importantes de la economía mexicana: la creciente dependencia de insumos y productos provenientes de China.
Las tensiones entre Washington y Pekín están modificando los flujos comerciales en todo el mundo. Mientras Estados Unidos busca reducir su dependencia de productos chinos en sectores estratégicos, empresas asiáticas han comenzado a instalar operaciones en países como México para mantener el acceso al mercado norteamericano.
Esta tendencia ha generado oportunidades de inversión en manufactura avanzada, electrónica, energía y minerales críticos. Sin embargo, también ha incrementado la exposición de América Latina a las decisiones económicas y comerciales de ambas potencias.
La vulnerabilidad de México
Aunque la mayoría de los sectores mexicanos muestran un nivel de riesgo relativamente bajo frente a la competencia china, existen excepciones importantes.
El análisis identifica a los sectores de equipos eléctricos, electrónica, maquinaria y vehículos automotores como los más expuestos a un fenómeno conocido como “riesgo de desplazamiento”, es decir, cuando las importaciones sustituyen progresivamente a la producción nacional.
En el caso mexicano, la preocupación no radica únicamente en la llegada de productos terminados desde China, sino también en la creciente dependencia de componentes e insumos utilizados para fabricar bienes exportados a Estados Unidos.
Electrónica: el foco rojo
La industria ha registrado un crecimiento importante impulsado por la expansión de centros de datos, inteligencia artificial y demanda tecnológica en Estados Unidos. Sin embargo, gran parte de ese crecimiento depende de componentes importados desde China.
El informe advierte que México presenta una de las mayores similitudes exportadoras con China en este sector, lo que implica una competencia directa en mercados internacionales.
Además, el contenido de valor agregado chino dentro de las exportaciones mexicanas continúa aumentando, especialmente en productos electrónicos.
Esto significa que una parte importante de las exportaciones mexicanas depende de insumos provenientes del gigante asiático, aumentando la exposición a cambios en precios, restricciones comerciales o interrupciones en las cadenas de suministro.
El desafío para la industria automotriz
La rápida expansión de las exportaciones de vehículos chinos y el aumento de las importaciones procedentes de ese país están elevando la competencia para los fabricantes establecidos en México.
El riesgo es particularmente relevante porque la industria automotriz representa una parte fundamental del empleo manufacturero y de la actividad económica nacional.
A diferencia de otros países latinoamericanos, México cuenta con una ventaja importante: su elevada competitividad exportadora y la integración productiva con Estados Unidos y Canadá a través del T-MEC.
Estas fortalezas funcionan como un amortiguador frente al avance chino, pero no eliminan completamente el riesgo.
Una oportunidad con riesgos
Por un lado, la rivalidad entre Estados Unidos y China está atrayendo inversiones y nuevas oportunidades productivas hacia territorio nacional.
Por otro, muchas de esas cadenas de suministro continúan dependiendo de componentes chinos, especialmente en industrias de alto valor agregado.
De acuerdo con la calificadora, para las empresas, inversionistas y autoridades, el reto será aprovechar el crecimiento derivado del nearshoring sin profundizar una dependencia que podría convertirse en una vulnerabilidad estratégica en los próximos años, pues la competencia global también se juega dentro de las cadenas de suministro que sostienen a sectores clave como la electrónica, la maquinaria y los automóviles.










