México deberá decidir entre mantener el control estatal de los hidrocarburos o abrirse a la inversión privada, una disyuntiva que define el futuro del fracking.
México importa alrededor de 80% del gas natural que consume, una dependencia que, para reducirse de manera significativa, exigiría incrementar la producción nacional a una escala muy superior a la actual, es decir, la apertura del fracking en México.
En entrevista con un portal especializado en Negocios, Carlos Ramírez, socio de Integralia Consultores, advirtió que alcanzar ese objetivo implicaría modificar las condiciones de participación del capital privado en el sector energético, debido a los recursos necesarios para desarrollar los campos y construir la infraestructura requerida.
¿Por qué no hay fracking en México?
Ramírez enfatizó en que la disponibilidad de agua y la falta de infraestructura representan desafíos importantes para el aprovechamiento del gas no convencional, aunque consideró que parte de estas limitaciones podría atenderse mediante inversiones de gran magnitud.
Sin embargo, advirtió que el gobierno no quiere abrir masivamente a la inversión privada el tema de los hidrocarburos, y si no lo hace así, no va a funcionar y simplemente no va a haber fracking.
Por ahora, la administración federal mantiene los trabajos en una etapa de estudios sobre la disponibilidad de agua, sin autorización para realizar pruebas piloto de fracturación hidráulica.
¿El Fracking está autorizado en México?
Durante una reunión con la Cámara de Diputados, este martes, Alicia Bárcena, titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), afirmó que el gobierno federal no ha autorizado pruebas piloto de fracturación hidráulica, sino estudios para determinar la disponibilidad de agua salada a gran profundidad que eventualmente pudiera utilizarse en estos procesos.
La funcionaria sostuvo que actualmente no existen condiciones para avanzar hacia una explotación comercial mediante fracking y que tampoco se cuenta con una autorización de la presidenta para hacerlo.
Para que el gas no convencional se convierta en una fuente relevante de suministro nacional, México tendría que resolver no solo los problemas relacionados con el agua, sino también los costos de producción y las condiciones para atraer las inversiones que requiere su explotación comercial.










