Pese a que las autoridades federales han puesto la mira en la explotación de yacimientos no convencionales o fracking para reducir la importación de hidrocarburos, existen retos tecnológicos, económicos y ambientales a superar antes de alcanzar la anhelada soberanía energética.
Al respecto, Iván García Kerdan, director de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey, Campus Santa Fe, advierte que el desarrollo de estos recursos debe ser una decisión integral. De hecho, el especialista subraya que, actualmente, México carece de la tecnología y la infraestructura especializada para acceder y explotar de manera eficiente este tipo de yacimientos.
“Las cuencas donde están estos recursos son importantes, pero de difícil acceso y en México no contamos con la tecnología en estos momentos”, indica.
Por otra parte está el reto técnico de la fractura hidráulica, el cual lleva consigo una decisión económica, ya que actualmente el gas que se importa de Estados Unidos es uno de los más baratos que hay en el mundo.
A este panorama se suma el impacto ambiental derivado del uso intensivo de agua para la extracción del gas. Este factor resulta crítico en el contexto nacional, ya que las cuencas de Burgos y Sabinas —las principales zonas con potencial de hidrocarburos no convencionales en México— se localizan en regiones con un severo estrés hídrico y una alta demanda del recurso a nivel industrial.
“Se necesitan entre 10 y 30 millones de litros de agua por pozo, es decir, entre 9 y 15 albercas olímpicas”, compara.
La huella de carbono se suma a la lista de preocupaciones, pues en la extracción de hidrocarburos, sin importar el tipo de yacimiento, existe fuga de metano y se estima que en cada pozo esta puede representar entre el 3% y 4% de toda la producción de gas.
Por otra parte, el especialista considera la sismicidad inducida como otro factor importante, pues en algunos casos se han detectado microsismos después de la reinyección de agua.
En materia de infraestructura, García Kerdan identifica un problema debido a que no existe una red de ductos secundarios para extraer el gas desde los ductos primarios. Además, México tendría que competir con Estados Unidos, que cuenta con mayor experiencia en este sector y ofrece gas a costos competitivos.
México carece hoy de la tecnología y la infraestructura necesarias para explotar yacimientos no convencionales de manera eficiente.
Actualmente, el país importa el 75% del gas natural que consume. Además, la producción nacional de este hidrocarburo no resulta más económica que su importación: mientras que el costo del gas importado —principalmente de Texas— oscila entre los tres y cuatro dólares por millón de BTU (MMBtu), los costos de producción local rondan entre los cuatro y ocho dólares por MMBtu.
En materia regulatoria, refiere que no existe un marco normativo ambiental que reglamente la explotación de yacimientos no convencionales.
Adrián del Paso, socio de las áreas de Medio Ambiente, Regulación y Ciencias de la Vida en DLA Piper, considera que se debe privilegiar el cuidado ambiental por medio de prácticas que promuevan la sustentabilidad.
“No estoy opinando sobre la factibilidad legal desde el punto de vista del marco energético actual, sino que, en un escenario donde esta actividad se pudiera realizar, las autoridades deben cuidar los impactos ambientales”, comenta.
Finalmente, aunque el fracking parece una alternativa de solución para alcanzar la soberanía energética, su desarrollo no es inmediato sino una apuesta a mediano plazo con beneficios y riesgos que se deben asumir.






