Rusia reconoce el fuerte déficit de petróleo en Cuba, destaca límites de la producción local y sugiere buscar nuevos proveedores, mientras ofrece apoyo político ante crecientes presiones externas.
Las declaraciones del embajador ruso en La Habana, Viktor Koronelli, colocan bajo reflectores la fragilidad energética de Cuba y el margen de maniobra real de sus aliados. El diplomático reconoció que la isla enfrenta desde hace años “un agudo déficit de petróleo y derivados” y que la producción nacional apenas cubre alrededor de un tercio de las necesidades internas. Ese dato coincide con estimaciones de especialistas que calculan la producción cubana en torno a 40 mil barriles diarios frente a una demanda cercana a 120 mil barriles por día de crudo y combustibles líquidos.
Koronelli mencionó los esfuerzos por incrementar la extracción local, en particular mediante la empresa rusa Zarubezhneft en campos como Boca de Jaruco, pero admitió que esos proyectos siguen siendo insuficientes para cerrar la brecha de suministro. Estudios independientes han advertido que el crudo cubano es pesado, con alto contenido de azufre y metales, lo que limita su uso eficiente en termoeléctricas envejecidas y obliga a complementar con importaciones de combustibles más limpios.
En ese contexto, el embajador subrayó que el futuro energético de la isla dependerá “en gran medida” de la capacidad del gobierno cubano para encontrar proveedores alternativos que sustituyan, al menos parcialmente, los menores envíos desde Venezuela. Sin que se hiciera evidente un apoyo por parte del gobierno ruso. Caracas fue durante años el principal proveedor de Cuba, pero sus despachos han caído por la combinación de sanciones, falta de inversión y declive de producción en PDVSA.
La crisis energética cubana se ha traducido en apagones recurrentes, racionamiento y protestas sociales, particularmente durante los apagones masivos de 2024 y 2025, cuando el gobierno reconoció déficits de generación ligados tanto a fallas de plantas como a falta de combustible. En ese marco, la narrativa rusa combina respaldo político con un mensaje implícito de que La Habana debe diversificar su matriz de suministros en un entorno internacional marcado por nuevas amenazas de sanciones y presiones comerciales.
En paralelo, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, sostuvo una llamada con su homólogo cubano, Bruno Rodríguez, en la que Moscú reiteró su rechazo a cualquier forma de presión económica o militar que obstaculice el envío de combustible a la isla, pero tampoco ofreció envíos de crudo a la isla. Según el comunicado ruso, tales restricciones podrían agravar severamente la situación económica y humanitaria. Lavrov aseguró que Rusia está dispuesta a seguir brindando apoyo político y material, aunque sin detallar volúmenes ni calendarios específicos de suministro, lo que subraya la distancia entre el discurso de respaldo y la cobertura efectiva del déficit energético cubano.





