En 2025 se triplicaron las incursiones a plataformas marinas de Pemex y las pérdidas por robo subieron a 75 millones de pesos, revirtiendo dos años de bajas afectaciones.
Entre 2020 y 2025, Petróleos Mexicanos ha documentado un repunte preocupante en los robos e incursiones ilícitas en sus instalaciones marinas del Golfo de México, luego de dos años (2023 y 2024) de afectaciones económicas relativamente bajas.

De acuerdo con información obtenida vía transparencia, el número de ingresos de personas ajenas a plataformas marinas pasó de 49 reportes en 2024 a 135 en 2025, casi triplicándose en un solo año. En el periodo 2020-2025 se acumulan 266 incursiones, lo que revela que el fenómeno no es aislado ni coyuntural, sino una tendencia persistente pese al despliegue de fuerzas militares para el resguardo de la infraestructura.
La trayectoria histórica muestra vaivenes relevantes. En 2020, Pemex registró 21 incursiones; el número descendió a 11 en 2021, para luego repuntar a 22 en 2023. El salto a 49 reportes en 2024 ya anticipaba una presión creciente sobre la seguridad operacional en mar, pero el cierre de 2025 con 135 ingresos sitúa al primer año de la administración de Claudia Sheinbaum y de Víctor Rodríguez Padilla al frente de Pemex como el más crítico en cuanto a frecuencia de intrusiones.
En cuanto al impacto económico, las pérdidas por robo de equipos y materiales en plataformas marinas sumaron 261 millones de pesos en los últimos seis años. Después de los 20.2 millones reportados en 2020 y los 45.1 millones de 2021, 2022 marcó el mayor daño con 108.6 millones de pesos. Posteriormente, las afectaciones parecían estar bajo control: 7.4 millones en 2023 y 5.3 millones en 2024, el nivel más bajo del periodo.
Sin embargo, 2025 revierte esa tendencia: las pérdidas se disparan a 75.1 millones de pesos, en paralelo con el aumento de las incursiones. Aunque el monto no alcanza el pico de 2022, el salto respecto a los dos años previos es significativo y sugiere que los grupos dedicados al robo de componentes, materiales y equipos especializados —altamente valiosos y de reposición compleja— han vuelto a encontrar márgenes de operación en el entorno offshore.
Especialistas en seguridad energética suelen advertir que estos incidentes no solo representan un costo directo en materiales, sino también riesgos adicionales para la integridad del personal, interrupciones operativas, retrasos en mantenimientos críticos y un incremento en los costos de aseguramiento y vigilancia, factores que terminan presionando la ya frágil situación financiera de la empresa productiva del Estado.





