INEGI reportó un salto de 20.7% en tarifas eléctricas en la primera quincena de noviembre por fin de subsidios estacionales. La inflación cerró noviembre en 3.80% anual.
El precio de la electricidad volvió a ser protagonista de la inflación mexicana. En la primera quincena de noviembre, el genérico “electricidad” registró una variación quincenal de 20.70%, el mayor impulso dentro de los productos con alza y con la mayor incidencia en el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), según el boletín quincenal de INEGI.
La propia autoridad estadística explica que el brinco se relaciona con la conclusión del subsidio de temporada de verano en 11 ciudades del país, el cual se aplica cada año para amortiguar el costo del aire acondicionado y la mayor demanda eléctrica. En noviembre, el efecto estacional se hace visible en el recibo de CFE y se filtra a la medición inflacionaria.
El dato quincenal se tradujo en un cierre de mes con inflación anual de 3.80%, de acuerdo con reportes de prensa basados en la publicación mensual de INEGI. Aunque el nivel general se mantiene dentro del rango compatible con la meta de largo plazo del banco central, la señal eléctrica resalta por su tamaño y por las implicaciones que tiene para hogares e industria hacia 2026. La electricidad pesa en distintos rubros de consumo y, particularmente, encarece servicios y procesos productivos dependientes de refrigeración, bombeo y cadenas de frío.
La geografía del golpe tampoco es homogénea. El propio boletín de INEGI muestra que entidades como Sinaloa y Sonora encabezaron la variación quincenal del índice en la primera quincena, seguidas por Baja California Sur, Baja California y Tamaulipas, estados donde el clima caluroso, la penetración de aire acondicionado y la elasticidad de la demanda elevan la sensibilidad al fin del subsidio. En ciudades como Esperanza y Hermosillo (Sonora) o Mexicali y La Paz se observaron variaciones por arriba del promedio nacional, confirmando que el ajuste estacional no es un tema “macro” abstracto sino un shock puntual para economías locales con gran peso del comercio, el turismo y la manufactura ligera.
Para CFE, el fin del subsidio estacional tiene dos lecturas. Por un lado, alivia la carga fiscal que implica subsidiar el consumo en los meses de calor; por otro, expone a los usuarios a tarifas más altas justo en el cierre de año, cuando el gasto de hogares y empresas sube por motivos estacionales. Desde la óptica de los costos, los suministradores y grandes consumidores deberán recalibrar sus presupuestos 2026, asumiendo que la demanda eléctrica asociada a data centers, parques industriales del nearshoring y climatización residencial seguirá creciendo más rápido que la expansión de redes y capacidad de generación. Si la oferta no crece con la misma velocidad, las presiones de precio podrían mantenerse por ventanas más largas que las típicamente estacionales. (Análisis propio con base en INEGI).
Para los usuarios residenciales, el consejo práctico es doble. Primero, revisar el historial de consumo y las tarifas aplicables en su localidad para dimensionar el salto y programar el gasto de invierno. Segundo, adoptar medidas de eficiencia energética (aislamiento, equipos inverter, termostatos) que amortigüen el golpe en 2026, cuando el país enfrentará un año de mayor demanda por la digitalización y por el clima extremo. En la industria y el comercio, la agenda pasa por contratos eléctricos más inteligentes, respuesta a la demanda y —donde sea viable— autogeneración con gas o renovables para cubrir puntas y estabilizar el costo unitario.
El mensaje de esta quincena es claro: la electricidad volvió a mover la aguja del INPC. Con una variación de 20.7% en la primera quincena de noviembre y un cierre de mes en 3.80% anual, la discusión de política pública ya no es solo si los subsidios estacionales deben mantenerse como están, sino cómo acelerar la infraestructura que permita proveer energía firme a menor costo y con menor huella ambiental. Mientras eso ocurre, el recibo de luz seguirá siendo la variable que, por meses, defina el humor económico de buena parte del país.





