En 2025, los envíos de gas por ducto a México alcanzaron máximos históricos; noviembre mostró fuerza adicional. Señales de Waha y red del sur de Texas condicionan 2026.
El gas natural volvió a fluir con fuerza hacia México. Tras un récord en mayo de 7.5 Bcf/d en exportaciones por ducto desde Estados Unidos, los cruces se mantuvieron elevados durante el otoño y noviembre volvió a mostrar fortaleza, con el sur de Texas operando con buen desempeño de red y el mercado apretándose por mantenimientos y asignaciones. El patrón confirma una tendencia de cinco años: más demanda mexicana —sobre todo eléctrica— absorbida por una interconexión transfronteriza en expansión, pero sensible a los cuellos de infraestructura y a la volatilidad del basis Waha.
Los datos de la EIA documentan el salto estructural: en 2024, las exportaciones por ducto desde EE. UU. promediaron 6.4 Bcf/d, un máximo histórico y 25% más que en 2019. En mayo de 2025, el flujo mensual promedio alcanzó 7.5 Bcf/d, cifra que explica por qué los ciclos combinados mexicanos han podido sostenerse incluso con episodios de hidrología baja y mayores picos de demanda industrial. A escala diaria, la dinámica de nominaciones depende de la disponibilidad de capacidad en ductos clave y del desempeño de compresoras en puntos críticos del sur de Texas.
En noviembre, los datos de NGI resaltaron incrementos interanuales en los cruces y un mercado que comenzaba a tensionarse, lo que empujó a comercializadores y generadores a cuidar nominaciones y coberturas de precio. Para 2026, el riesgo operativo vuelve a residir en mantenimientos programados, eventos climáticos y en la capacidad de absorber molécula cuando Waha presenta descuentos profundos pero la salida se ve limitada. Esto es particularmente relevante para usuarios en el noroeste y centro-occidente, donde los costos marginales del sistema eléctrico son más sensibles a variaciones del gas.
La buena noticia es que la expansión de sistemas y la llegada de nueva demanda —como data centers y manufactura— están incentivando inversiones en capacidad firme y flexibilidad. Sin embargo, el equilibrio será inestable si no se sincronizan refuerzos de red eléctrica y gasoductos con la ventana de 2026–2027. Para el usuario calificado y el generador privado, la receta de gestión 2026 incluye coberturas financieras y físicas, contratos de suministro con cláusulas de reubicar volúmenes y, donde sea viable, almacenamiento y respuesta a la demanda. Para la política pública, la prioridad es alinear la planeación de SENER/CENAGAS con la expansión industrial regional.
La conclusión de negocio es directa: México seguirá importando gas en niveles elevados; si la red del sur de Texas opera sin tropiezos y Waha mantiene descuentos frente a Henry Hub, el país podrá sostener precios competitivos. El reto es blindar logística y contratos para que la volatilidad no se traduzca en paros ni en costos descontrolados en la factura eléctrica.





