México adopta medidas proteccionistas selectivas (calzado, acero, textiles) para frenar triangulación asiática y preservar empleos, sin violar acuerdos del TMEC.
A contracorriente de la ortodoxia liberal, México está ensayando lo que economistas llaman “proteccionismo inteligente”: una estrategia para blindar su base industrial sin romper las reglas del TMEC ni ahuyentar la inversión extranjera.
La medida más reciente fue la suspensión del IMMEX para calzado terminado, pero se prevén ajustes similares en textiles, acero y electrónicos. El objetivo es claro: frenar triangulaciones de productos asiáticos que ingresan a México solo para aprovechar el tratado norteamericano, sin generar valor agregado.
Fuentes del sector confirman que la Secretaría de Economía prepara una lista ampliada de productos sensibles con controles adicionales. Entre ellos figuran componentes metálicos, cableado automotriz, ropa y lubricantes industriales.
La estrategia no implica cerrar el comercio, sino exigir “trazabilidad completa” y “valor nacional mínimo” en cada operación industrial.
“El modelo de apertura indiscriminada está agotado. Queremos un comercio justo, no libre comercio a cualquier costo”, afirmó un funcionario de alto nivel bajo anonimato.
El concepto no es nuevo, pero sí inusual para México. Durante años, el país apostó por ser una economía abierta sin barreras; ahora busca un equilibrio entre apertura y protección estratégica.
El economista Ramsés Pech explica: “México entendió que si no cuida sus industrias base, no habrá capacidad para sostener el nearshoring. Sin acero, sin textiles, sin energía local, el país se convierte en un simple ensamblador”.
La medida ha sido bien recibida en el Bajío y el norte, donde cámaras industriales piden más vigilancia a importaciones subvaluadas. “Nos están matando con dumping. Esta política, si se aplica con inteligencia, puede salvar miles de empleos”, opinó Héctor Villalobos, de la Asociación Nacional de Manufactura Ligera.
No obstante, advierten riesgos: Estados Unidos podría ver estas acciones como restricciones encubiertas, y responder con revisiones o sanciones. Para evitarlo, México trabaja con sus socios del TMEC para justificar las medidas bajo el argumento de “seguridad industrial” y “protección laboral”.
En el fondo, la nueva política busca redefinir la identidad industrial del país: de maquila barata a manufactura estratégica.
Si México logra ejecutar este “proteccionismo inteligente” sin romper sus tratados, podría sentar un precedente regional. Si falla, corre el riesgo de aislarse.
El reloj corre, y la próxima revisión del TMEC pondrá a prueba esta apuesta.





