Pemex proyecta contratos mixtos para impulsar 30% de su producción, pero especialistas advierten sobre sobreestimaciones y dificultades técnicas en varios proyectos clave.
El Plan Estratégico 2025-2035 de Petróleos Mexicanos (Pemex) prevé que el 30% de la producción nacional de líquidos provenga del sector privado a través de contratos mixtos. Para 2035, se espera que estos esquemas aporten 532,000 barriles diarios, un aumento significativo frente a los 132,000 previstos para 2026. Esta estrategia busca alcanzar una meta de 1.8 millones de barriles diarios en total. No obstante, este crecimiento en participación privada refleja una disminución en la producción directa de Pemex, que solo alcanzaría 1.1 millones de barriles diarios, incluyendo condensados.
El plan contempla 21 esquemas de desarrollo mixto distribuidos en zonas terrestres, aguas someras y profundas. Algunos de los campos destacados son Ayatsil, Macuil-Paki, Arenque y Exploratus. De estos proyectos, 11 están documentados y en proceso de aprobación, mientras que los otros 10 están en etapa de validación.
A pesar de las altas expectativas, analistas como Gonzalo Monroy advierten sobre la sobreestimación del impacto de estos contratos. Proyectos como Pánuco, Agua Fría y Tamaulipas Constituciones, que involucran fracking, así como los de aguas profundas, enfrentan altos riesgos técnicos y económicos. Estos seis campos representan más de la mitad de la producción proyectada en estos esquemas, lo que pone en duda los beneficios inmediatos.
Pemex estima que los contratos mixtos generarán 8,060 millones de dólares en 2025, con más del 60% proveniente del Grupo Carso. Otras empresas interesadas incluyen Harbour Energy, Sinopec, Jaguar y Diavaz. No obstante, el especialista Ramsés Pech calcula que la producción no aumentará más de 80,000 barriles diarios.
El modelo mixto incluye subcomités consultivos, exige decisiones por voto unánime y prevé mecanismos de solución de controversias como el arbitraje internacional en México.
Por otra parte, Pemex también busca reforzar campos en operación como Maloob, Ayatsil, Zaap e Ixachi, mediante actividades de reparación y estimulación, para asegurar la producción continua.
En suma, aunque la estrategia contempla una participación privada sin ceder derechos de asignación, los retos técnicos y financieros, junto con una sobreestimación de resultados, podrían limitar los beneficios esperados. La falta de diferenciación clara entre tipos de contrato también genera confusión sobre sus implicaciones reales.









