El sector gasolinero mexicano mostró dos posturas opuestas el 18 de agosto: Onexpo respaldó al Gobierno y promovió el diálogo, mientras Gasolineros Unidos denunció extorsión y sobrerregulación. ¿División real o estrategia dual para exigir cambios urgentes?
El pasado 18 de agosto, el sector gasolinero nacional envió dos mensajes muy distintos al Gobierno Federal y a la opinión pública. En un mismo día circularon, por un lado, un comunicado institucional de Onexpo Nacional y, por otro, un desplegado crítico firmado por Gasolineros Unidos por México en el diario Reforma. La coincidencia en fechas contrasta con la diferencia en el tono: mientras uno agradece el diálogo y celebra los avances, el otro denuncia sobrerregulación, extorsión e incertidumbre operativa.
Onexpo: institucionalidad y respaldo al Gobierno
El comunicado de Onexpo se inscribe en una narrativa conciliadora. Reconoce el interés de la presidenta Claudia Sheinbaum en promover un mercado de combustibles bajo los principios de justicia energética y sostenibilidad. Aplaude el trabajo de la Secretaría de Energía en simplificación regulatoria, resalta la coordinación con Pemex para garantizar el abasto y celebra la estrategia de estabilización del precio de la gasolina Magna.
El mensaje es claro: el gremio, representado formalmente por Onexpo, mantiene una relación cercana con el Gobierno, valida los mecanismos de cooperación y refrenda su compromiso con un mercado estable y maduro.
Gasolineros Unidos: denuncia y presión pública
En contraste, el desplegado de Gasolineros Unidos por México plantea un diagnóstico mucho más severo. Señala que el sector enfrenta un exceso de trámites, permisos congelados, multas desproporcionadas y prácticas de extorsión disfrazadas de “cuotas”. Denuncia también la presencia militar en inspecciones que generan temor, la falta de abasto en algunas regiones y la complicidad de funcionarios que, amparados en denuncias anónimas, extorsionan a empresarios formales.
La narrativa es de urgencia y confrontación: se pide directamente a la presidenta cumplir su promesa de simplificar la regulación y acabar con las prácticas discrecionales. El documento exhibe lo que muchos gasolineros viven en el día a día: inseguridad jurídica, costos crecientes y presión por parte del crimen organizado y de funcionarios.
¿División o estrategia complementaria?
La publicación simultánea de ambos comunicados refleja, en apariencia, una fractura en el gremio gasolinero. Onexpo, con casi cuatro décadas de trayectoria institucional, apuesta por la interlocución política y la cooperación formal. Gasolineros Unidos, con un tono más combativo, busca visibilizar los problemas estructurales y presionar con la opinión pública.
Sin embargo, esta dualidad puede leerse también como una estrategia complementaria. El sector abre dos frentes: uno institucional, que mantiene abiertos los canales con la administración federal, y otro crítico, que expone los costos reales de la sobrerregulación y la inseguridad. La tensión interna podría convertirse en una oportunidad si ambos mensajes logran confluir en una agenda común: simplificación regulatoria, seguridad jurídica y combate real al mercado ilícito de combustibles.
El dilema del sector
Lo que está en juego no es menor. Con un mercado presionado por márgenes bajos, pactos de precios, presencia del crimen organizado y regulaciones complejas, el sector gasolinero enfrenta una encrucijada:
Si prevalece la división, el Gobierno tendrá más margen para negociar selectivamente y mantener un discurso de control.
Si se articula un frente común, la voz del sector puede convertirse en un actor decisivo para exigir condiciones más equitativas, seguras y competitivas.
La pregunta central es si los gasolineros de México podrán superar la dualidad de discursos y consolidarse en un frente común que impulse un mercado verdaderamente sustentable y justo.





