La transición hacia el SAF se vincula directamente con el cambio climático y los compromisos internacionales.
En el marco del segundo día del ASA SAF-MX Summit 2026, primer foro especializado en el desarrollo del mercado de Combustibles de Aviación Sostenible, se dio a conocer que México enfrenta un desafío estratégico en materia de energía para la aviación, pues actualmente importa cerca del 50% de la turbosina que consume. Ante este panorama, puede el SAF reducir la dependencia.
“Hoy se importa aproximadamente el 50% de la turbosina que se vende en México”, señaló Alejandro Ríos, consultor técnico de la International Civil Aviation Organization (ICAO)
Esta dependencia externa plantea riesgos para la seguridad energética y abre la discusión sobre el papel que pueden desempeñar los combustibles sostenibles de aviación (SAF) en la reducción de esa vulnerabilidad.
La transición hacia el SAF se vincula directamente con el cambio climático y los compromisos internacionales. El cambio climático está teniendo un efecto en todos los países y México no es la excepción.
“México participa en el Esquema Internacional de compensación de emisiones en aviación (Corsia). Hasta ahora era voluntario, pero a partir del próximo año será obligatorio. El reto es construir un marco regulatorio nacional sólido para balancear las contribuciones del Acuerdo de París con los requerimientos de Corsia”, advirtió Javier Bodewig, junior Sustainability Manager de Aviation & Maritime, ISCC.

¿Qué materias primas sirven para elaborar biocombustibles para aviación?
La discusión sobre el SAF en México se centra en las materias primas disponibles. La caña de azúcar es el cultivo más importante del país, seguida por granos básicos como maíz, arroz, frijol, trigo, cebada y sorgo.
Sin embargo, más allá de los cultivos, lo que realmente se puede usar para la producción de combustible sostenible de aviación son los residuos agrícolas. Estos subproductos representan una fuente clave para avanzar hacia una bioeconomía que sustente la producción de biocombustibles.
Asimismo, el aceite de cocina usado aparece como la ruta más rápida para producir SAF mediante coprocesamiento. No obstante, existe un obstáculo, la mayoría se está exportando. Además, compite con otras industrias como la producción de jabones, lo que eleva su precio y limita su disponibilidad.
Otro insumo potencial es el sargazo, macroalga que afecta gravemente las costas del caribe mexicano. Aunque se reconoce su abundancia, el sargazo tiene muchas complicaciones como que contienen metales pesados y mucha sal, lo que dificulta su aprovechamiento inmediato como materia prima para SAF.
Energías renovables e hidrogeno verde, pilares de la transición
En el mediano y largo plazo, las energías renovables y el hidrógeno verde se perfilan como pilares de la transición.
“En todas las rutas tecnológicas que se utilizan para producir combustible sostenible de aviación se tiene que utilizar hidrógeno”, agregó Bodewig.
México cuenta con condiciones favorables para la generación solar, eólica y geotérmica, lo que podría facilitar la producción de hidrógeno con bajo perfil de carbono y, en consecuencia, combustibles más sostenibles.
La concentración de la demanda de turbosina en pocos aeropuertos también representa una ventaja logística. En seis aeropuertos se concentra la gran demanda de combustible en el país, cerca del 80%, pero en cuatro casi se alcanza el 70%, esto significa que focalizar el suministro de SAF en esos puntos podría cubrir gran parte de las necesidades nacionales de manera eficiente.
México enfrenta una coyuntura crítica que oscila entre reducir su dependencia de importaciones de turbosina y avanzar hacia el SAF. La disponibilidad de materias primas junto con el desarrollo de energías renovables, son factores que pueden marcar la diferencia. Sin embargo, la ausencia de un marco regulatorio robusto y la necesidad de infraestructura siguen siendo los principales retos para consolidar esta transición energética.









