Andrés Gutiérrez, CEO de CIEFSA, explica las diferentes herramientas para verificar la trazabilidad de combustibles en México, desde métodos documentales hasta trazadores moleculares, y detalla cómo su falta afecta a estaciones de servicio, consumidores, gobierno y medio ambiente.
En el sector energético, la trazabilidad se ha convertido en un elemento indispensable para garantizar que los combustibles que llegan al consumidor final mantienen su integridad desde el origen. Andrés Gutiérrez, CEO de CIEFSA, compartió en entrevista con Panorama Energético una mirada técnica y clara sobre este concepto, sus métodos de verificación y las consecuencias de no aplicarlo adecuadamente.
“La trazabilidad es el proceso que se lleva desde que un producto sale de la terminal de almacenamiento hasta que llega a la estación de servicio”, explica Gutiérrez. Este recorrido puede comenzar incluso desde la refinería, pasando por la importación, distribución, reparto, hasta su venta final. En ese trayecto, el combustible cambia de manos múltiples veces, lo que abre la posibilidad a alteraciones, adulteraciones o cambios de proveedor.
Tener una trazabilidad adecuada permite a los empresarios del sector confirmar que lo que compran es efectivamente lo que venden, lo que además ofrece una capa de seguridad operativa, fiscal y ambiental.
Existen tres métodos principales para garantizar esta trazabilidad, cada uno con características complementarias:
- Trazabilidad documental: Consiste en verificar que el proveedor cuenta con permisos vigentes, facturas adecuadas, volúmenes registrados y que toda la documentación coincide en fechas y montos. Es un primer filtro administrativo para asegurar legalidad en las operaciones.
- Trazabilidad química: En este caso se analizan características intrínsecas del combustible. Gutiérrez menciona el ejemplo del metilterbutileter, un aditivo exclusivo utilizado por Pemex. Si un producto adquirido a Pemex llega sin esa sustancia o en una concentración diferente, es una señal de que el combustible pudo haber sido alterado. Otro parámetro importante es el nivel de azufre: “Si salió de la terminal con 10 partes por millón de azufre y te llega con 50, quiere decir que pasó algo”.
- Trazabilidad con trazadores moleculares: Esta tecnología avanzada introduce una especie de “huella digital” en el combustible mediante sustancias inertes que permiten rastrear su origen con precisión. “Si una marca le pone un trazador y llegas a una estación con el trazador de otra petrolera, quiere decir que compraste a alguien distinto”, advierte Gutiérrez. Esto permite a las marcas tener control sobre su red de distribución y detectar cambios no autorizados de proveedor.
Estos métodos no son excluyentes, sino que se complementan para brindar un monitoreo integral de la calidad y legalidad del combustible. Con los recientes cambios regulatorios, como el balizado de autotransportes por parte de la Comisión Nacional de Energía, se ha reforzado también la trazabilidad del transporte, sumando una nueva capa de control a la cadena de suministro.
“El tener una trazabilidad suficientemente robusta te permite asegurar que no hay un cambio de producto y que tu estación esté segura también”, subraya el CEO de CIEFSA.
La falta de trazabilidad no solo perjudica al consumidor final. Gutiérrez detalla que afecta a toda la cadena energética:
- Estaciones de servicio: Son el último eslabón, pero cargan con la responsabilidad si el producto está adulterado. Riesgos de clausura, daño a infraestructura e incluso consecuencias legales recaen sobre el empresario.
- Consumidores: La calidad del combustible impacta directamente en los vehículos. “Un combustible adulterado puede dañar el motor, alterar el desempeño e incluso poner en riesgo la seguridad del conductor”, explica.
- Gobierno: La evasión fiscal es una de las consecuencias más graves. Si se diluye el producto con compuestos no registrados, se reduce la base sobre la cual se calculan los impuestos. Además, la falta de control contamina el ambiente, perjudica la salud y evade responsabilidades legales.
- Medio ambiente y salud pública: Al modificar las propiedades físicas del combustible, como el punto de evaporación, se generan emisiones que contribuyen a contingencias ambientales. Algunos solventes también liberan vapores cancerígenos, afectando especialmente a los despachadores que los inhalan diariamente.
Tras la reforma energética, la NOM-016 estableció estándares de calidad obligatorios para toda la cadena de valor. Sin embargo, según Gutiérrez, al no poder realizarse inspecciones de manera exhaustiva, comenzaron a surgir brechas de trazabilidad que facilitaron la adulteración.
Actualmente, diferentes autoridades intervienen en este monitoreo:
- SAT: A través de controles volumétricos, verifica que los litros vendidos coincidan con los registrados y que el tipo de combustible corresponda con la facturación e impuestos aplicados.
- ASEA: Desde julio, ha intensificado el monitoreo de vapores evaporativos en estaciones de servicio como medida para reducir riesgos ambientales.
- CNE: Con el balizado de los camiones, busca cerrar eslabones en el transporte y reforzar la trazabilidad operativa.
“Hoy en día las estaciones de servicio rara vez saben que el producto fue adulterado. No tienen cómo saberlo”, alerta Gutiérrez.





