Cox avanza en la compra de Iberdrola México (2.6 GW). Con accionistas a favor, perfila invertir 2,600 millones de euros en 2026–2028 y reordenar el mercado privado.
La reconfiguración del mapa eléctrico privado avanza: Cox pactó en julio la compra del 100% de Iberdrola México —15 plantas y 2.6 GW— por 4,200 millones de dólares, y en noviembre obtuvo la aprobación unánime de sus accionistas. El proceso todavía considera autorizaciones regulatorias, pero la empresa ya detalló su hoja de ruta de inversiones para 2026–2028 con México como prioridad. Para usuarios calificados y desarrolladores, el mensaje es claro: habrá reacomodo de portafolios, nuevos PPAs y potenciales coinversiones.
El portafolio adquirido incluye ciclos combinados, cogeneración y renovables, además del negocio comercial que atendía cerca de una cuarta parte del mercado de usuarios calificados. Si se concreta el calendario previsto, Cox duplicará ingresos y triplicará EBITDA a nivel global, con México como ancla. La compañía anunció un plan de 5,500 millones de euros para 2026–2028 —2,600 millones destinados al país—, con foco en solar, eólica, almacenamiento y gas, y apertura a alianzas con CFE. Ese músculo financiero podría acelerar proyectos estancados y aportar certidumbre a grandes offtakers que exigen contratos bankables y entrega firme.
Para el sistema, la operación tiene varias lecturas. Primero, consolida la salida de Iberdrola de México tras vender 55% de su negocio al Estado en 2024 y, ahora, el resto a un jugador que promete expandir capacidad y mantener el músculo comercial. Segundo, abre la puerta a optimizaciones operativas en plantas a gas —todavía columna vertebral del despacho— mientras Cox despliega renovables con almacenamiento. Tercero, sugiere que el mercado privado puede prosperar bajo reglas claras: el capital está dispuesto si hay certidumbre en permisos, interconexión y acceso a gas competitivo.
El impacto para la competencia dependerá de las condiciones regulatorias finales. La autoridad de competencia determinará si se requieren desinversiones o medidas de conducta en comercialización y generación. En cualquier escenario, usuarios calificados —desde automotrices hasta data centers— seguirán buscando portafolios que combinen precio, trazabilidad renovable y confiabilidad. Cox, recién llegada con ambición y caja, intentará ocupar ese espacio.
El reto no es menor: ejecutar inversiones en tiempo y forma, asegurar interconexiones y gestionar una transición que preserve empleos y expertise técnico. Si la integración es exitosa, el tablero privado de la electricidad mexicana habrá cambiado de manos… pero no de prioridades: generación eficiente, PPAs sólidos y expansión de renovables con almacenamiento. 2026 será el año para demostrarlo.








