Pemex impulsa tres gasoductos: Interoceánico Jáltipan–Salina Cruz, Conexión Maya y Coatzacoalcos II. Más gas al Istmo y a la Península, con Mayakán como columna vertebral.
El mapa de gas del sur de México entra en fase de obras con tres proyectos que buscan resolver cuellos históricos: el gasoducto Interoceánico de Jáltipan (Veracruz) a Salina Cruz (Oaxaca), la Conexión Maya hacia la Península de Yucatán y el Coatzacoalcos II, un tramo intraportuario con vocación petroquímica. Según Reforma y comunicados sectoriales, el Interoceánico tendrá capacidad estimada de 150 millones de pies cúbicos diarios (MMpcd) para alimentar industrias y posibles proyectos de cogeneración/licuefacción en el Istmo de Tehuantepec. Conexión Maya aspira a enlazar el Puerta al Sureste/Southeast Gateway con la columna Mayakán, asegurando hasta 547 MMpcd hacia la Península. Coatzacoalcos II resolverá maniobras de 11 km con 120 MMpcd para Morelos, Pajaritos y el polo local.
El timing no es casual. La expansión de Mayakán —más de 700 km nuevos, tres estaciones de compresión y tres de medición— avanza como la pieza que permitirá duplicar la capacidad hacia Yucatán y Quintana Roo y sostener las nuevas centrales CFE en la región. Con ENGIE al frente y convenios firmados con CFE, el proyecto está llamado a cerrar la pinza con Conexión Maya para que el gas del Golfo llegue firme a los nodos peninsulares, mitigando el uso de diésel/combustóleo y reduciendo costos marginales en horas pico.
El Interoceánico tiene una lectura estratégica más amplia que su capacidad nominal sugiere. La conexión Jáltipan–Salina Cruz busca interconectar molécula hacia el Pacífico, donde se desarrollan proyectos logísticos e industriales, y donde los planes de carga/descarga y procesos (desde amoniaco a LNG en distintas escalas) requieren gas disponible y predecible. A nivel operativo, un ducto con 150 MMpcd no cambia por sí solo el balance nacional, pero sí desatora inversiones ancor que dependían de certidumbre en suministro. En paralelo, Coatzacoalcos II responde a la realidad de los complejos petroquímicos: margen se pierde en válvulas y tramos cortos tanto como en grandes obras; una derivación fiable puede ahorrar millones en paros y fletes internos.
La Conexión Maya es la pieza que más titulares ha ganado. Los 547 MMpcd proyectados hablan de una redimensionamiento de la Península, hoy dependiente de Mayakán y de una cadena de compresión vulnerable a paros y mantenimientos. Conectar Puerta al Sureste/Southeast Gateway —el offshore que empuja gas desde Tuxpan hacia Tabasco/Veracruz— con el eje peninsular supone que los shocks de disponibilidad puedan amortiguarse con trazados alternos, minimizando el “curtailment” a generadores y grandes usuarios industriales. En el extremo, esa redundancia habilita nueva demanda en turismo, manufactura y centros de datos sin que cada verano se convierta en alerta de suministro.
Nada de esto exime los retos. La permisología, los derechos de vía y la coordinación con CENAGAS/CFEnergía y estados pueden alargar plazos y encarecer obras. La expansión Mayakán se proyecta culminar hacia 2027, por lo que la ventana 2026 será todavía de transición: pruebas, ties-in, estaciones de compresión y ramp-up. Aun así, el mensaje para el sureste es claro: por primera vez en años, la cartera combina ductos troncales (Southeast Gateway/Mayakán) con proyectos finos (Coatzacoalcos II) y enlaces críticos (Conexión Maya) para recomponer el flujo de gas hacia Istmo y Península. Si el cronograma se cumple, 2027 podría inaugurar una península con gas firme, y un Istmo listo para su nueva manufactura.







