Pemex acumuló pérdidas millonarias en el sexenio, pero sus reservas de hidrocarburos ofrecen una oportunidad estratégica si se gestiona con disciplina y visión técnica.
Petróleos Mexicanos (Pemex) cierra el sexenio 2018–2024 con una grave crisis financiera: acumuló pérdidas netas por más de 2 billones de pesos, resultado de una elevada carga fiscal, caída en producción y decisiones de inversión poco rentables. Aunque en 2023 obtuvo una utilidad neta de 109.9 mil millones de pesos, en 2024 volvió a reportar pérdidas, con un récord negativo de 620 mil millones, su peor desempeño desde 2019.
El pasivo total de la empresa al cierre de 2024 ascendió a 3.9 billones de pesos, cifra que representa 1.7 veces el valor de sus activos. Esto la mantiene como la petrolera más endeudada del mundo, según Bloomberg. Esta situación ha limitado su capacidad de inversión, la ha hecho dependiente del presupuesto federal y pone en duda su viabilidad financiera a largo plazo.
Sin embargo, en los últimos meses del sexenio se han iniciado acciones para reestructurar financieramente a Pemex. Entre ellas destacan la renegociación de vencimientos de deuda, inyecciones de recursos públicos, auditorías sobre el costo de la Refinería de Dos Bocas y revisiones al modelo de negocio del sistema nacional de refinación, el cual opera con márgenes negativos.
Pese al sombrío panorama financiero, Pemex conserva una carta fuerte: su base de reservas de hidrocarburos. De acuerdo con la CNH, al 1 de enero de 2024, México cuenta con 15,530 millones de barriles de petróleo crudo equivalente (2P), controlados en su mayoría por Pemex. Si se considera un consumo nacional de gasolina de 800 mil barriles diarios y una conversión del 50%, estas reservas podrían cubrir 53 años de demanda, aunque este es un escenario teórico.
El valor de esas reservas, a un precio promedio de 62.64 USD por barril, se estima en más de 973 mil millones de dólares, superando en ocho veces su deuda actual de 101 mil millones de dólares. Esto resalta la importancia estratégica del portafolio energético de Pemex.
La clave está en transformar ese valor en resultados reales. La nueva administración debe profundizar la reestructura, eliminar corrupción, aliarse con el sector privado y revisar el régimen fiscal. Pemex sigue siendo un activo estratégico, pero requiere una transformación urgente para garantizar la seguridad energética y financiera del país.








