La electrificación de flotillas gana terreno en México por sus ahorros operativos, avances tecnológicos y beneficios ambientales.
La adopción de flotillas eléctricas en México pasó de ser una iniciativa asociada principalmente con la responsabilidad social corporativa a convertirse en una decisión financiera y operativa. Ante este cambio, las empresas han comenzado a replantear sus operaciones para avanzar hacia la electromovilidad.
Julieta Sánchez, especialista en ventas de vehículos eléctricos de Element Fleet, señala que entre 2025 y 2026 hubo un crecimiento de más del 50% en la adquisición de flotillas electrificadas, impulsado por una mayor disponibilidad de modelos, menores precios y asesoría especializada en infraestructura de recarga.
De acuerdo con el Global Fleet and Mobility Barometer 2026, el 66% de las empresas ya opera vehículos eléctricos en sus flotillas o planea incorporarlos en un plazo máximo de tres años. Entre las principales razones se encuentran la reducción de costos operativos, las restricciones de circulación y el cumplimiento de objetivos de sostenibilidad.
Aunque la industria de reparto concentra una parte importante de la adopción, Sánchez señala que actualmente el sector farmacéutico encabeza la electrificación de flotillas.
“El sector pharma definitivamente es la industria que está liderando”, afirma.
Una de sus ventajas son las características de su operación logística: rutas predecibles, distancias relativamente cortas y mercancías ligeras. En contraste, las compañías con trayectos largos o rutas menos predecibles enfrentan mayores desafíos para electrificar sus vehículos.
Por ello, Sánchez subraya que no existe una solución única para todas las empresas. El transporte troncal, por ejemplo, enfrenta mayores limitaciones relacionadas con el peso de las baterías y la infraestructura.
Para alcanzar autonomías competitivas de entre 500 y 600 kilómetros, las baterías pueden superar una tonelada de peso. Además, buena parte de las estaciones de carga disponibles están diseñadas para automóviles y vehículos comerciales ligeros.
La especialista identifica las rutas y las necesidades de carga como factores fundamentales para diseñar una estrategia de electrificación. El objetivo es adaptar vehículos e infraestructura a la operación de cada compañía sin modificar innecesariamente su dinámica.
La expansión de los vehículos eléctricos responde a una combinación de presiones ambientales, regulaciones y eficiencia energética. De acuerdo con el informe Atlas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el transporte genera el 25% de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO₂) y, de ese porcentaje, 75% corresponde al transporte terrestre.
A ello se suma el factor económico. Según el análisis del Costo Total de Propiedad (TCO) citado por Sánchez, una flotilla eléctrica puede representar ahorros promedio de entre 40% y 60% en energía y mantenimiento frente a unidades de gasolina o diésel.
“En combustible y mantenimientos, al tener entre 50% menos de piezas que un vehículo de combustión, los mantenimientos no solo son más baratos, sino que son menos frecuentes”, destaca la especialista.
El ecosistema de la electromovilidad
El crecimiento de la electromovilidad no depende de un solo actor. Requiere la participación de empresas, autoridades, fabricantes, proveedores de infraestructura y usuarios.
Uno de los principales obstáculos continúa siendo la disponibilidad de cargadores, particularmente para vehículos medianos y pesados. Ante este escenario, empresas han comenzado a integrar grupos de trabajo para explorar modelos de inversión compartida en infraestructura.
“No es esperar a que México esté listo (…) sino más bien es tomar la rienda sobre la infraestructura de recarga”, sostiene Sánchez.
La especialista anticipa que la tendencia estará marcada por una combinación de menores costos y avances tecnológicos.
“Sí hemos visto una baja en los costos y un alza en la tecnología (…) y sí creemos que esa tendencia va a seguir”, afirma.
La electrificación de flotillas en México avanza así por razones financieras, operativas y ambientales. Sin embargo, la transición exige analizar rutas, patrones de operación, infraestructura de carga y necesidades específicas antes de determinar qué vehículos pueden electrificarse y bajo qué condiciones.











