La electromovilidad basada en datos permite a las ciudades tomar decisiones más precisas sobre flotas, costos e infraestructura.
La transición hacia el transporte público cero emisiones está entrando en una etapa en la que la incorporación de autobuses eléctricos depende cada vez menos de la experimentación y más de la capacidad de las ciudades para recopilar, analizar y compartir datos.
Gabriela de la Torre, jefa de Vehículos Cero Emisiones en América Latina para C40, explicó que la información técnica y operativa se ha convertido en un insumo para que gobiernos y operadores determinen qué tecnologías utilizar, cómo dimensionar las flotas, cuánto costará su operación y qué infraestructura será necesaria.
Durante un encuentro sobre transporte público eléctrico y transformación de la movilidad, De la Torre señaló que sustituir vehículos convencionales por eléctricos no constituye, por sí mismo, una estrategia integral. La electrificación requiere conocer las condiciones reales de operación de cada sistema y adaptar las decisiones a sus características.
Pruebas piloto: de la experimentación a la decisión de inversión
Uno de los principales riesgos de electrificar una flota es trasladar soluciones diseñadas para una ciudad o ruta a otro contexto sin contar con información suficiente sobre su desempeño. Las pruebas piloto permiten reducir esa incertidumbre antes de realizar inversiones de mayor escala.
La experiencia del Metrobús de la Ciudad de México ilustra este proceso. Para la electrificación de la Línea 3 se realizaron pruebas en condiciones reales de operación, cuyos resultados permitieron evaluar el desempeño de los autobuses eléctricos, identificar las necesidades específicas de la ruta y definir las características de las unidades que integrarían la flota definitiva.
El intercambio de información entre ciudades también amplía las posibilidades de evaluación. De acuerdo con De la Torre, la experiencia acumulada entre Bogotá y Ciudad de México permitió al Metrobús probar cinco tipologías de autobuses antes de seleccionar la tecnología más adecuada para sus operaciones.
Este enfoque modifica la lógica tradicional de implementación, pues en lugar de adquirir primero y resolver después los problemas operativos, los datos permiten probar, medir y ajustar antes de comprometer inversiones mayores. Para las ciudades intermedias, además, compartir experiencias puede evitar que los proyectos partan desde cero y facilitar la adaptación de soluciones a las condiciones locales.
Datos de movilidad para diseñar un transporte público más accesible
La planeación de una flota eléctrica no depende únicamente de variables como autonomía, consumo energético o capacidad de batería. Los patrones de movilidad de los usuarios también pueden determinar las características de los vehículos.
En Bogotá, por ejemplo, el sistema TransMilenio registra alrededor de 4 millones de viajes durante un día hábil. De acuerdo con los datos presentados por De la Torre, aproximadamente 1.8 millones corresponden a personas que se trasladan con menores, adultos mayores o personas con discapacidad.
De acuerdo con De La Torre, estos patrones tienen implicaciones que van más allá de la planificación de rutas. También pueden influir en el diseño de los vehículos, desde la distribución de los espacios interiores hasta las condiciones de accesibilidad y seguridad para personas en silla de ruedas, usuarios con carriolas y niños.
Es así como la información permite así incorporar criterios sociales a decisiones que tradicionalmente se han abordado desde una perspectiva principalmente técnica.

La conducción también determina el consumo energético
Los datos de telemetría generados por los autobuses eléctricos ofrecen otra herramienta para optimizar la operación. Variables como velocidad, aceleración y frenado permiten identificar diferencias en el consumo energético.
De acuerdo con la información presentada durante el encuentro, el estilo de conducción de un operador puede generar variaciones de entre 30% y 40% en el consumo de energía de un autobús.
Esto significa que la eficiencia de una flota no depende únicamente de las especificaciones del vehículo o de la capacidad de sus baterías, sino también de cómo se conducen las unidades. Con base en estos datos, los operadores pueden desarrollar programas de capacitación y certificación orientados a mejorar las prácticas de conducción y reducir el consumo.
La electrificación también plantea nuevas necesidades de capacitación para mecánicos, operadores y personal técnico, quienes deben adquirir conocimientos sobre sistemas eléctricos, nuevas tecnologías y herramientas de análisis.
Según la información presentada por De la Torre, los datos consolidados de Bogotá muestran que un autobús eléctrico puede resultar 9% más barato que las tecnologías tradicionales cuando se considera el costo total de propiedad.
Este enfoque traslada la discusión del precio de compra hacia la estructura completa de costos, incluidos mantenimiento, energía, operación y vida útil. Para gobiernos y operadores, contar con esta información resulta relevante al definir mecanismos de financiamiento, esquemas tarifarios y modelos de adquisición.
La infraestructura de carga también requiere datos
La electrificación introduce nuevas variables en la operación del transporte público, particularmente en la gestión de la energía y la infraestructura de recarga.
Los sistemas intensivos tienen ventanas limitadas para cargar sus vehículos. En operaciones como las del Metrobús, pueden existir apenas entre tres y cuatro horas durante la noche para recargar la flota antes de iniciar nuevamente el servicio.
Por ello, es necesario conocer con precisión el consumo de cada unidad, los horarios de operación, la capacidad disponible y los tiempos requeridos para completar la carga.
Los datos de consumo de batería permiten definir la distribución de los cargadores en los patios y optimizar el uso de la infraestructura. También pueden ayudar a identificar periodos de menor utilización y explorar usos complementarios de los cargadores, como la atención de vehículos privados o unidades de distribución de última milla, siempre que las condiciones técnicas y regulatorias lo permitan.
La planificación basada en datos puede contribuir así a aprovechar mejor las inversiones en infraestructura energética.
Compartir datos para acelerar la electrificación en América Latina
La utilidad de los datos aumenta cuando pueden compararse y compartirse entre ciudades. Las plataformas regionales permiten convertir información dispersa en herramientas de consulta para gobiernos, operadores, investigadores y otros actores del sector.
Tal es el caso de E-Bus Radar, plataforma que reúne información sobre los autobuses eléctricos que operan en distintas ciudades de América Latina, incluyendo marcas, número de unidades y datos sobre emisiones evitadas.
Por su parte, Más Eléctrico, iniciativa lanzada en 2019, busca traducir información técnica y resultados de pruebas operativas a un lenguaje accesible para los usuarios. Entre los aspectos que comunica están beneficios como la reducción del ruido, una mayor comodidad y mejoras en la calidad del aire.
De acuerdo con De la Torre, estas herramientas pueden contribuir a que la discusión sobre electromovilidad se base en información verificable y comparable, en lugar de depender únicamente de percepciones o experiencias aisladas.

Los datos no sustituyen la política pública
Aunque la información técnica permite reducir incertidumbres, no elimina la necesidad de contar con políticas públicas y marcos regulatorios adecuados. La electrificación del transporte público forma parte de un sistema más amplio que incluye planeación urbana, regulación de circulación, infraestructura y gobernanza metropolitana.
De la Torre señaló que los autobuses eléctricos no resuelven por sí mismos problemas como la congestión. Para generar condiciones favorables también pueden ser necesarias medidas como las Zonas de Bajas Emisiones y políticas de circulación adaptadas a las características de cada ciudad.
Este enfoque adquiere mayor relevancia mientras América Latina avanza de proyectos demostrativos hacia procesos de mayor escala. El desafío ya no consiste únicamente en determinar qué autobús eléctrico funciona, sino en identificar qué combinación de tecnología, operación, infraestructura, regulación, financiamiento y capacidades humanas permite electrificar el transporte de manera sostenible.
La transición, además, representa una oportunidad para desarrollar nuevas capacidades laborales, generar empleos verdes y fortalecer la industria vinculada con el transporte público eléctrico. Sin embargo, consolidar el conocimiento técnico de mecánicos y operadores, adaptar los sistemas de operación y familiarizar a los usuarios con la nueva tecnología requiere tiempo.
Finalmente, la electrificación del transporte público busca construir sistemas más eficientes y accesibles, reducir la exposición de la población a contaminantes y contribuir a disminuir los impactos en la salud asociados con la contaminación del aire, particularmente entre las personas que dependen en mayor medida del transporte público.










