La industria automotriz mexicana vive un momento de presión ante aranceles, reglas de origen y el avance de China.
Ante las negociaciones del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), la industria automotriz mexicana enfrenta nuevos desafíos por la política arancelaria de Estados Unidos y un posible endurecimiento de las reglas de origen.
Franco Zúñiga, director general de Neuron Business, comenta a Industry & Energy Magazine que la industria automotriz es uno de los casos de éxito más contundentes del acuerdo comercial, pero esa relevancia también la convierte en un instrumento de presión de Washington frente a México.
“Donald Trump ha aprovechado los niveles de corrupción, la violencia descontrolada y la crisis de seguridad que enfrenta México para ejercer presión a través del Tratado. La industria automotriz, lejos de ser la causante de estos problemas, termina siendo el activo más valioso en la mesa de negociación y, por lo tanto, el más expuesto”, advierte.
Uno de los principales puntos de tensión son las reglas de origen, que actualmente exigen un contenido regional de 75% para que los vehículos puedan acceder a los beneficios arancelarios del T-MEC.
Un eventual endurecimiento tendría un impacto relevante debido a la integración de las cadenas productivas de Norteamérica. Una autoparte puede cruzar la frontera tres, cuatro o cinco veces durante su proceso de manufactura, por lo que la acumulación de aranceles podría elevar considerablemente sus costos.
Para Zúñiga, una ruptura arancelaria total resulta poco probable por los costos que también tendría para Estados Unidos. Según sus estimaciones, para reducir su dependencia de la manufactura mexicana, ese país tendría que reubicar 30% de su industria automotriz y destinar más de 80 mil millones de dólares a infraestructura productiva.
México, en cambio, cuenta con ventajas como su vocación industrial, fuerza laboral joven y capacidad de formación de ingenieros.
China presiona el mercado
A este escenario se suma el creciente protagonismo de China en el mercado automotriz mexicano. Según las cifras citadas por Zúñiga, 22% de los vehículos vendidos en México son de marcas chinas, alrededor de 300 mil unidades anuales.
Mientras que las armadoras que operan en el país como General Motors destina más de 28 mil millones de dólares anuales a proveedores mexicanos, mientras Nissan, GM y Volkswagen emplean conjuntamente a cerca de 60,000 personas de manera directa y más de 200 mil indirectamente.
En contraste, las principales marcas chinas presentes en México emplean en conjunto a menos de mil personas y tienen una participación prácticamente nula en la proveeduría nacional.
Electrónica y automotriz: una misma cadena
La transformación también alcanza a la industria electrónica. Un automóvil moderno incorpora, según Zúñiga, entre 3 mil y 5 mil componentes electrónicos, desde arneses y sensores hasta módulos de control y sistemas de conectividad.
Las armadoras ya revisan sus cadenas de suministro para identificar componentes provenientes de China, Corea y Taiwán y determinar cuáles podrían sustituirse por proveedores regionales.
“La industria automotriz, es uno de los activos más valioso en la mesa de negociación y, por lo tanto, el más expuesto”, advierte Franco Zúñiga, director general de Neuron Business.












