Estas nuevas avenidas de colaboración de la CFE con empresas privadas permiten modernizar la red nacional mediante inversiones conjuntas y proyectos de largo alcance.
El sector eléctrico mexicano atraviesa un ciclo de alta competitividad para el capital privado, impulsado por el auge de los esquemas de contratos mixtos con la Comisión Federal de Electricidad (CFE). De acuerdo con especialistas, la empresa estatal se ha posicionado como un socio confiable, lo que ha detonado un interés sin precedentes por participar en proyectos de generación.
A la fecha, 80 empresas han presentado 244 propuestas para desarrollar infraestructura eléctrica bajo este esquema. Destaca que el 90% de los participantes son compañías extranjeras, lo que confirma el atractivo internacional del mercado energético nacional.
La percepción de riesgo es el motor de este interés. Arturo Carranza, de Azka Consultores, explica que la CFE —bajo la dirección de Emilia Esther Calleja Alor— mantiene una situación financiera relativamente sólida, lo que genera mayor confianza entre inversionistas.
“En los mercados financieros, la CFE está siendo observada como un buen socio que puede aportar experiencia en la construcción, ayudar a acelerar los permisos de generación y permitir que los proyectos cumplan con los calendarios de operación para que, finalmente, la energía eléctrica se venda a la misma empresa”, señala Carranza.
Esta percepción se refuerza mediante elementos estructurales de los contratos. Uno de los más relevantes es que la CFE garantiza la compra de hasta el 70% de la energía generada, lo que asegura flujos de ingresos estables y reduce significativamente el riesgo para los inversionistas.
El alto interés de la iniciativa privada por estos esquemas se refleja en una sobredemanda de hasta el 581% sobre la capacidad de generación licitada, cifra que confirma el sólido apetito inversor.
La primera convocatoria lanzada por la empresa pública busca incorporar 6 mil 500 megavatios, principalmente a través de tecnologías fotovoltaica y eólica, con proyectos cuya entrada en operación está respaldada por contratos definidos hacia mediados de 2026.
Proyectos más seguros y financiamiento viable
Desde la óptica financiera, Carranza señala que estos esquemas son altamente “bancables” ya que, al figurar la CFE como comprador asegurado, los bancos asignan una evaluación positiva al proyecto, lo que eleva significativamente las probabilidades de obtener financiamiento en los mercados.
En contraste, proyectos vinculados al sector de hidrocarburos conllevan mayores riesgos operativos, regulatorios y de mercado, factores que limitan la entrada de capital privado. En ese sentido, Oscar Ocampo, director de Desarrollo Económico del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), señala que, frente a este escenario, los proyectos eléctricos ofrecen un entorno de mayor estabilidad.
“Se trata de inversiones con menor exposición al riesgo que, en el contexto actual, cuentan con una demanda creciente y asegurada”, puntualiza el directivo.
Carranza precisa que el Estado enfrenta el desafío de expandir la capacidad de generación, un escenario que posiciona a la participación privada como un complemento indispensable. Se estima que México requerirá miles de megavatios adicionales en los próximos años, una demanda que difícilmente podrá ser cubierta exclusivamente mediante inversión pública.
Demanda energética y oportunidad de negocio
El crecimiento de la demanda eléctrica en México es otro elemento detrás del interés privado. La expansión industrial, la digitalización y el nearshoring han incrementado la necesidad de generación energética, lo que abre oportunidades para nuevos proyectos.
“Lo que estamos viendo es que la participación privada se vuelve fundamental para cerrar la brecha de inversión que actualmente tiene la CFE”, asegura Ocampo.
Aunque el gobierno federal ha promovido estos esquemas como parte de una estrategia para fortalecer el sistema eléctrico, especialistas coinciden en que no se trata de una apertura total, sino de un modelo controlado que busca equilibrar la participación pública y privada que evite esquemas de privatización total.
Bernd Rohde, CEO de Italian German Exhibition Company para América del Norte, señala que esta combinación puede ser positiva: “La apertura a capital privado, con el Estado como eje, puede fortalecer la infraestructura energética y beneficiar a la sociedad”, resalta.









