Pemex avanza en contratos mixtos con privados para elevar producción, pero el modelo genera dudas por sus restricciones frente a esquemas más flexibles como los farmouts.
Petróleos Mexicanos (Pemex) ha comenzado a consolidar su estrategia de asociación con el sector privado a través de los llamados contratos de desarrollo mixto, un modelo que busca fortalecer tanto su capacidad operativa como su situación financiera sin perder el control sobre los activos estratégicos.
De acuerdo con su último reporte trimestral, la empresa ha adjudicado siete contratos bajo este esquema, de los cuales seis ya han sido firmados, uno más se encuentra en proceso y tres adicionales permanecen en fase competitiva.
Este avance forma parte de una política más amplia orientada a incrementar la producción nacional de hidrocarburos, con la meta de alcanzar 1.8 millones de barriles diarios hacia el cierre de la década, en línea con el Programa Sectorial de Energía 2025-2030.
No obstante, la implementación de este modelo ha reavivado el debate energético sobre su eficacia en comparación con los farmouts, esquemas que diversos especialistas aún califican como más competitivos para atraer inversión.
Predominio estatal, inversión acotada
El modelo de contratos mixtos responde a la visión actual de política energética que busca mantener el control estatal mientras se permite la participación privada. En este esquema, Pemex conserva un papel predominante, con condiciones como participación mínima obligatoria de 40%, límites en la recuperación de costos e impuestos y control operativo y estratégico del proyecto.
Estas características, aunque alineadas con la política de soberanía energética, pueden representar una barrera para inversionistas, según advierten expertos del sector.
Gabriela González, socia directora de Blin-Co, advierte que estas limitaciones contrastan con la flexibilidad de esquemas previos. Al comparar ambos modelos, destacó que mientras el farmout ofrece certezas para la toma de decisiones de empresas nacionales e internacionales, los contratos mixtos imponen condiciones más rígidas en términos de participación y retorno de inversión.
Además, subrayó que el diseño institucional también cambió: los procesos licitatorios ahora pueden ser definidos bajo nuevos lineamientos, con mayor discrecionalidad por parte de autoridades como la Secretaría de Energía (SENER) y el propio Pemex.
Competencia y apertura: La fórmula del farmout
Impulsados tras la reforma de 2013, estos esquemas estratégicos consolidaron un modelo de asociación más abierto y competitivo. Al respecto, González explica que, a diferencia de los contratos mixtos, los farmouts permitían una mayor incursión de capital privado mediante licitaciones conducidas por reguladores autónomos, facilitando una distribución de riesgos y beneficios mucho más flexible.
Éstos facilitaban que la entonces empresa productiva del Estado compartiera riesgos en proyectos complejos, particularmente en exploración y aguas profundas, donde la inversión requerida es elevada.
Para muchos analistas, esta flexibilidad hacía del farmout un instrumento más eficaz para atraer inversión en un entorno global altamente competitivo.
No obstante, los contratos mixtos se interpretan como una evolución parcial del modelo de asociación. Para Alma América Porres Luna, experta en exploración y producción y ex comisionada de la extinta Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), este esquema funciona como un punto intermedio que busca equilibrar las necesidades del Estado con la participación del sector privado.
“Es un pasito para adelante, tienes un socio que aporta capacidades técnicas, financieras y de gestión”, explica Porres Luna.
Sin embargo, destacó que estos contratos están vinculados a asignaciones específicas con plazos definidos, lo que implica que, si no se concretan, los proyectos regresan a control directo de Pemex. Este diseño introduce un elemento adicional de presión temporal y limita la flexibilidad estructural del modelo.
Más allá de la comparación técnica, el debate adquiere mayor relevancia en el contexto global actual. El analista energético Ramsés Pech advierte que el modelo mexicano, que incluye contratos mixtos, rondas, asignaciones y otras modalidades, podría haber perdido relevancia frente a las nuevas dinámicas geopolíticas.
Lo anterior, plantea la necesidad de revisar los esquemas contractuales para incrementar la renta petrolera nacional, generar ingresos de corto plazo, reducir el nivel de endeudamiento y aumentar la competitividad frente a otros países
Además, cuestiona la estrategia de producción limitada y orientada a la autosuficiencia en ciertos combustibles, lo que podría restringir el potencial económico del sector.
Producción vs inversión
La discusión entre contratos mixtos y farmouts plantea un dilema: mientras los contratos mixtos buscan asegurar la rectoría del Estado sobre los recursos, los farmouts ofrecían mayor dinamismo en la captación de capital y tecnología.
En este sentido, Pech destaca que el éxito del modelo actual dependerá de su capacidad para equilibrar ambos objetivos en un contexto de restricciones fiscales, presión sobre la deuda de Pemex y necesidad de incrementar la producción.








