Sheinbaum plantea mantener producción petrolera y aumentar gas natural, ante una dependencia de importaciones del 75%, buscando fortalecer la seguridad energética de México.
En el marco del 88 aniversario de la expropiación petrolera, la presidenta Claudia Sheinbaum delineó uno de los ejes centrales de la política energética para la actual administración: mantener la producción de petróleo e incrementar la generación de gas natural, en un contexto donde México enfrenta una alta dependencia externa en este último energético.
Durante su conferencia, la mandataria subrayó que el país importa alrededor del 75% del gas natural que consume, principalmente desde Estados Unidos, lo que representa una vulnerabilidad estructural para la seguridad energética nacional. Este nivel de dependencia se ha consolidado en los últimos años debido a la integración del sistema energético de América del Norte, así como a la expansión de la infraestructura de transporte de gas —particularmente gasoductos transfronterizos— que han facilitado el acceso a gas más barato, pero también han limitado el desarrollo de producción interna.
El énfasis en el fortalecimiento de la producción de gas natural implica un giro relevante dentro de la estrategia energética, históricamente centrada en el petróleo. Aunque México es productor de crudo, su capacidad para desarrollar campos gasíferos —especialmente en áreas no convencionales o de alta complejidad— ha sido limitada por factores técnicos, regulatorios y de inversión.
En este sentido, el planteamiento de la presidenta sugiere una reconfiguración del enfoque operativo de Petróleos Mexicanos (Pemex), donde el gas natural podría adquirir un papel más estratégico, no solo como insumo para la generación eléctrica —donde domina ampliamente— sino también como elemento clave para la industria manufacturera y petroquímica.
El reto no es menor. Incrementar la producción de gas requiere inversiones significativas en exploración, desarrollo de campos, infraestructura de procesamiento y transporte, así como en tecnologías que permitan aprovechar mejor los recursos existentes. Además, implica mejorar la eficiencia operativa para reducir prácticas como la quema o venteo de gas, que han sido un problema recurrente en algunas áreas productivas.
Desde una perspectiva económica, el impulso al gas natural también tiene implicaciones en costos energéticos, competitividad industrial y estabilidad del sistema eléctrico. Una mayor producción nacional podría reducir la exposición a choques externos, como interrupciones en el suministro o aumentos de precios derivados de tensiones geopolíticas o cambios en el mercado internacional.
El mensaje en el aniversario de la expropiación petrolera no es menor: más allá del simbolismo histórico, apunta a redefinir el equilibrio entre petróleo y gas dentro de la política energética mexicana, en un entorno donde la seguridad de suministro se vuelve cada vez más relevante.








