CFE publicó lineamientos de desarrollo mixto, cuatro vías para sumar generación y almacenamiento con privados, licitación como regla y nuevos vehículos financieros bajo planeación estatal.
La Comisión Federal de Electricidad (CFE) publicó el 28 de enero de 2026 en el Diario Oficial de la Federación los Lineamientos de los Esquemas para el Desarrollo Mixto, un documento que, por primera vez, aterriza con detalle el “cómo” de los proyectos conjuntos con privados para nueva generación y almacenamiento. La noticia es relevante por una razón simple: el sector llevaba meses discutiendo el “sí” político, pero sin claridad operativa sobre el “cómo” se seleccionará a los participantes, cómo se estructurará el contrato y qué tan alineado deberá estar cada proyecto con la planeación del gobierno y la red. Ahora la CFE ya puso reglas y, con ellas, cambió el tablero para desarrolladores, proveedores, financieros y empresas electrointensivas.
El corazón de los Lineamientos es la selección y el diseño del proyecto. CFE establece que, como regla general, la selección de participantes se realizará mediante licitación pública y que, de manera excepcional, podrá recurrir a invitación restringida, proceso competitivo de adjudicación o adjudicación directa, según corresponda a las bases del concurso o a la solicitud de propuesta. Esa frase, que en apariencia es administrativa, es la que va a definir el costo de capital: donde hay licitación y trazabilidad, suele bajar la prima de riesgo; donde hay discrecionalidad percibida, el financiamiento se vuelve más caro y lento.
Lo segundo que cambia el juego es que CFE reconoce cuatro formas para incorporar nueva capacidad bajo estos esquemas. El propio reporte explica que habrá proyectos específicos determinados por la CFE mediante concursos, solicitudes o propuestas para los privados; también se prevén requerimientos del gobierno sobre capacidad o tecnología de generación en una o más regiones; se contemplan requerimientos de capacidad de almacenamiento de energía eléctrica o productos asociados; y, de manera especialmente llamativa, se abre la puerta para que generadores privados migren proyectos realizados bajo el amparo de la antigua Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica hacia la Ley del Sector Eléctrico vigente, convirtiéndolos en esquemas de desarrollo mixto mediante asociación con la CFE. En otras palabras: no se trata únicamente de “nuevos” proyectos, también puede haber reacomodos de activos existentes al nuevo marco.
En paralelo, los Lineamientos describen cómo se puede “empaquetar” el proyecto, y aquí está otra señal fuerte al mercado. Los pagos y la estructuración pueden realizarse mediante fideicomisos, asociaciones en participación, sociedades mercantiles o cualquier otro vehículo jurídico o financiero. Esa flexibilidad es positiva porque permite adaptar el proyecto al apetito de inversionistas y a la realidad de riesgos de construcción y operación. Pero también eleva el estándar de preparación: quien no llegue con ingeniería, documentación y estructura financiera sólidas, va a sufrir en la etapa de aprobación y cierre financiero.
En lo técnico, CFE subraya que la definición del proyecto debe alinearse con los principios del Sistema Eléctrico Nacional y del Mercado Eléctrico Mayorista, y que al presentar una iniciativa se deberá incorporar información sobre ubicación, estándares de diseño, especificaciones de la central e infraestructura asociada, permisos y autorizaciones, interconexión y cumplimiento del Código de Red, plan de ejecución y pruebas, plan de operación y mantenimiento, e incluso mecanismos de actualización tecnológica sin alterar el objeto esencial del proyecto. Ese listado funciona como un “filtro” implícito: no basta con tener terreno y un PPA aspiracional; lo que se exige es un expediente bancable.
La lectura de negocio es directa. Para desarrolladores y fabricantes, el anuncio abre oportunidad, pero la oportunidad real no está en el titular sino en el pipeline: cuántos proyectos serán priorizados, en qué regiones, con qué tecnologías y bajo qué esquema de selección. Para empresas proveedoras, el efecto inmediato es la necesidad de alinear compliance, trazabilidad de costos y capacidades de ejecución. Y para el consumidor industrial, el tema se conecta con la pregunta que sí mueve decisiones: ¿habrá nueva capacidad y confiabilidad suficiente para sostener crecimiento sin trasladar todo el costo a tarifas o a riesgos de suministro?
También hay un elemento político-técnico: el documento enfatiza que todo será en coordinación con la CFE y con la planeación vinculante del gobierno respecto de la red. Eso significa que el “dónde” y el “para qué” pesan tanto como el “cuánto cuesta”. En un sistema donde los cuellos de botella suelen estar en interconexión, transmisión local y disponibilidad de combustibles, la planeación puede ordenar… o puede ralentizar si se vuelve demasiado rígida. Por eso, los primeros proyectos que se anuncien y adjudiquen bajo este marco serán la prueba: ahí se verá si el desarrollo mixto es una autopista o un embudo.








