México solo almacena 2.4 días de gas; depende de ductos texanos. Sin colchón, heladas o fallas disparan precios, apagan industrias y presionan CFE hoy rápido.
México está sentado sobre una paradoja energética que el gobierno federal no quiere ver. Cada vez dependemos más del gas natural para mover la economía, pero casi no guardamos gas. El resultado es una vulnerabilidad estructural que, en cualquier choque climático o logístico, puede convertirse en un problema nacional: apagones, paros industriales, volatilidad de precios y presión fiscal.
La cifra que resume el problema es brutal. México tiene alrededor de 2.4 días de almacenamiento de gas natural, concentrado principalmente en la capacidad de tres terminales de GNL (Altamira, Manzanillo y Energía Costa Azul). Ese inventario agregado equivale a 19,975 millones de pies cúbicos de gas, de acuerdo con cálculos difundidos por IMCO. En términos prácticos, esto significa que, si algo serio corta o restringe el flujo de gas importado, el país no tiene reservas suficientes para amortiguar la interrupción.
El gas natural no es marginal en México, es el combustible base del sistema eléctrico y un insumo de competitividad industrial. La CFE ha señalado que el gas natural representa 65% de la generación de electricidad del país y abastece a decenas de centrales de ciclo combinado. En paralelo, México depende de manera creciente del suministro estadounidense: más del 70% del gas que se consume se importa desde EE.UU., según reportes basados en datos oficiales.
La vulnerabilidad se agrava por concentración geográfica: desde 2024, las exportaciones por ducto desde el oeste y sur de Texas han representado 91% de las ventas de gas de EE.UU. a México, de acuerdo con un reporte reciente. Si el corazón texano del sistema se estresa, México lo siente casi de inmediato.
Y aquí aparece el verdadero punto: sin almacenamiento subterráneo significativo, México opera como si el gas fuera un flujo continuo garantizado. IMCO ha subrayado que el país depende casi exclusivamente de esas tres instalaciones y que está muy por debajo de estándares internacionales de resiliencia.
Los riesgos: no son teóricos, ya han ocurrido
Desabasto por eventos invernales en EE.UU. Lo vimos en 2021 con la tormenta Uri y lo hemos vuelto a rozar con otros frentes fríos. CENAGAS ha llegado a emitir alertas críticas por baja disponibilidad asociada a contingencias climáticas fuera de su control, cuando las inyecciones se ubican por debajo de lo programado y se restringe el transporte en el SISTRANGAS. Y en enero de 2026, el tema volvió a la agenda: medios reportaron que el gobierno activó planes de contingencia ante una tormenta invernal en el sur de EE.UU. por riesgos en suministro y precio del gas.
Volatilidad de precios: el almacenamiento es “seguro” contra picos Cuando no tienes inventarios, compras en el peor momento: con demanda alta y precios tensos. Y el mercado ya está mandando señales: en enero de 2026 se reportaron movimientos fuertes en los futuros de gas natural ante el frío y el riesgo de interrupciones. Sin reservas estratégicas, esa volatilidad se transmite al costo de generación (CFE) y al costo industrial, y termina presionando subsidios, tarifas y competitividad.
Impacto económico en cadena Parar gas no es solo “parar electricidad”. Afecta siderurgia, vidrio, cemento, petroquímica, alimentos, manufactura exportadora, y ciudades con alta demanda industrial. Con nearshoring y demanda eléctrica al alza, operar con 2.4 días de respaldo es jugar a la ruleta rusa con la continuidad operativa.
Por qué es urgente atenderlo: la política existe, lo que falta es ejecución
Lo más delicado es que el diagnóstico no es nuevo. Desde 2018, la Política Pública de Almacenamiento planteó construir inventarios estratégicos, con una meta de mínimo 5 días para 2026 bajo coordinación de CENAGAS.
El problema es que, a inicios de 2026, el país sigue muy lejos de ese umbral.
Hay avances puntuales: CENAGAS ha impulsado esquemas para que terceros presten el servicio, y el proyecto Campo Jaf aparece como una ruta concreta de almacenamiento estratégico en un campo agotado para recepción, almacenamiento y entrega al SISTRANGAS. Pero el ritmo todavía no corresponde al tamaño del riesgo.
Resolver el problema no es solo construir tanques: es diseñar un sistema donde el almacenamiento tenga ingresos y señales de mercado.
Almacenamiento subterráneo (campos agotados, cavernas salinas, acuíferos), porque es el formato que realmente da días/semana de respaldo, no horas. IMCO describe estas opciones como técnicamente viables en México.
Reglas y contratos: pagos por capacidad, criterios de inventario mínimo, y mecanismos de despacho en emergencia para que exista certeza de recuperación de inversión.
Estrategia de compras estacionales: comprar más barato en temporadas de menor demanda y usar inventarios en picos invernales.
México ya eligió al gas como “columna vertebral” del sistema eléctrico. Si no se construye almacenamiento a escala, cada invierno fuerte, cada shock en Texas y cada tensión geopolítica se convierte en un riesgo directo para la economía mexicana. El almacenamiento no es un lujo técnico: es seguro nacional energético.








