La presidenta Claudia Sheinbaum presentó a 60 ejecutivos del Foro Económico Mundial el “Plan México”, ofreciendo estabilidad política, talento y energía limpia.
En una jugada estratégica para asegurar el futuro industrial del país, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se reunió esta semana con 60 directores ejecutivos de corporaciones globales en un encuentro organizado junto al Foro Económico Mundial (WEF). El mensaje fue directo: México ofrece estabilidad, capital humano y una nueva política industrial basada en energía limpia y certeza jurídica.
“México está abierto al mundo. Queremos inversión, pero inversión con propósito: sostenible, tecnológica y socialmente responsable”, declaró la mandataria desde Palacio Nacional. Entre los asistentes destacaron representantes de Tesla, Siemens, Bosch, Intel, Amazon Web Services, Nestlé, BMW, BYD y DHL.
El llamado “Plan México para la Nueva Industria” contempla incentivos fiscales, agilización de trámites aduaneros, digitalización logística y, sobre todo, expansión energética en regiones de alta demanda manufacturera. El objetivo: duplicar la capacidad industrial instalada hacia 2030.
“Queremos que México sea el mejor destino del nearshoring, pero también de la innovación industrial”, añadió Marcelo Ebrard, secretario de Economía.
El encuentro no fue solo simbólico. Según fuentes oficiales, al menos 12 empresas globales expresaron interés en nuevos proyectos o ampliaciones en los sectores de automoción eléctrica, semiconductores, farmacéutica y tecnologías verdes.
Para el sector privado, el gesto político es importante. “En los últimos años, las empresas pedían señales de estabilidad. Hoy las están recibiendo”, comentó Luz María de la Mora, exsubsecretaria de Comercio Exterior. “La continuidad política es una ventaja: da previsibilidad a la inversión”.
Sin embargo, los empresarios también dejaron claro que esperan resultados concretos. Exigieron infraestructura eléctrica, reglas laborales claras y respeto a contratos existentes, condiciones que, de cumplirse, podrían atraer más de 35,000 millones de dólares en inversión industrial entre 2026 y 2028.
En paralelo, la presidenta aprovechó para enviar un mensaje político internacional: México será “socio estratégico de la industria global, no satélite de ninguna potencia”. En medio de tensiones entre EE. UU. y China, el país busca reforzar su rol como puente productivo y logístico.
Expertos consideran que este tipo de encuentros son vitales para reposicionar la marca país. “México no solo debe vender mano de obra barata, sino innovación, calidad y sustentabilidad”, afirma Gonzalo Monroy, analista industrial.
Las cámaras empresariales aplaudieron el acercamiento. El Consejo Coordinador Empresarial lo calificó como “una señal positiva para recuperar confianza”, aunque advirtió que sin reformas en logística, energía y educación técnica, los anuncios podrían quedarse en discurso.
En definitiva, el Plan México marca un nuevo capítulo: diplomacia económica activa para sostener el auge manufacturero. Pero el reto, como siempre, será convertir promesas en fábricas y empleos reales.





