CFE intensifica la quema del contaminante combustóleo de Pemex como subsidio cruzado. La estrategia dispara la contaminación y levanta alarmas de salud pública.
En un movimiento que ha generado una ola de críticas de organizaciones ambientales y expertos en salud pública, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) ha intensificado dramáticamente la quema de combustóleo en sus centrales termoeléctricas, revirtiendo años de esfuerzo por reducir el uso de este residuo pesado y altamente contaminante.
Esta estrategia no responde a una necesidad técnica de la red, sino a una directriz política: absorber la creciente producción de combustóleo de Pemex para evitar que la petrolera estatal tenga que venderlo en el mercado internacional con pérdidas.
El combustóleo, un residuo de la refinación del petróleo con un altísimo contenido de azufre (muchas veces superando el 4%), es considerado uno de los combustibles fósiles más sucios del mundo. Al quemarse en las plantas de la CFE, libera grandes cantidades de dióxido de azufre (SO2), óxidos de nitrógeno (NOx), y partículas suspendidas (PM2.5 y PM10). Estos contaminantes son precursores de la lluvia ácida y están directamente relacionados con enfermedades respiratorias crónicas, cáncer de pulmón, y muertes prematuras, especialmente en las poblaciones cercanas a las plantas.
El círculo vicioso de la “Soberanía Energética”
La política de “soberanía energética” de la actual administración, ha creado un círculo vicioso que amenaza la salud de los mexicanos y los compromisos climáticos internacionales del país.
- Pemex Aumenta Producción: Las refinerías de Pemex están diseñadas para maximizar la producción de gasolinas y diésel, pero en el proceso, pero debido a su mal estado, generan inevitablemente grandes volúmenes de combustóleo como subproducto.
- Mercado Internacional Rechaza: Debido a las regulaciones marítimas globales más estrictas (IMO 2020), que limitan el azufre en los combustibles de transporte, el combustóleo de Pemex es difícil y costoso de colocar en el extranjero, obligando a venderlo a precios bajísimos o incluso a costo de almacenamiento.
- CFE como Cliente Cautivo: Para evitar el colapso financiero de Pemex por exceso de inventario, el gobierno obliga a la CFE a comprar este combustóleo. La CFE, a su vez, lo quema en sus plantas, muchas de las cuales no han sido debidamente modernizadas para mitigar las emisiones.
“Estamos viendo una regresión histórica,” afirma la Dra. Elena Ríos, investigadora de la calidad del aire en el Centro Mario Molina. “En lugar de invertir en nuevas plantas de ciclo combinado (que usan gas natural, mucho más limpio) o en renovables, estamos reactivando calderas viejas con un combustible altamente tóxico. La factura de este subsidio a Pemex la está pagando la salud pública de los mexicanos.”
Impacto económico y de salud
El uso masivo de combustóleo no solo tiene un costo ambiental y de salud; también es financieramente ineficiente para la CFE, ya que la generación de electricidad a partir de este combustible es más cara que la obtenida por gas natural o energía eólica/solar, debido a su bajo poder calorífico y a los altos costos de mantenimiento y mitigación (aunque esta última rara vez se realiza por completo).
La estrategia contradice directamente los acuerdos internacionales de México, incluido el Acuerdo de París, que obliga al país a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Las organizaciones civiles están preparando litigios estratégicos, argumentando que la política viola el derecho constitucional a un medio ambiente sano. El debate está candente: ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar el país por la “soberanía petrolera” a costa de la transición energética y la salud de sus habitantes? La respuesta se mide en las partículas suspendidas en el aire de las zonas industriales.








