Plataformas activas en México cayeron 43% anual; Pemex, con deuda y pagos atrasados, enfrenta suspensiones de taladros y apuesta a un fondo estatal para estabilizarse.
El recuento de plataformas de Baker Hughes confirma un ajuste severo en la actividad de perforación en México: en agosto de 2025 operaron 28 plataformas frente a 49 un año antes, una caída total de 43%. El descenso fue más pronunciado en tierra, donde los equipos activos se redujeron a la mitad (de 30 a 15).
En el mar, el número pasó de 19 a 13. Este retroceso ocurre en medio de la crisis financiera de Petróleos Mexicanos (Pemex), cuya deuda financiera bordea los 100 mil millones de dólares y los pasivos con proveedores rondan 23 mil millones de dólares, presionando caja, ejecución y plazos.
El menor dinamismo de perforación ya se refleja en producción: el bombeo de crudo de Pemex cayó de 1.8 a 1.6 millones de barriles diarios en el último año. A la par, contratistas han pausado operaciones por falta de pagos. Grupo México detuvo cuatro plataformas en el segundo trimestre del 2025 al considerar “mejor tenerlas en paro temporal que trabajando” en el contexto de impagos.
Operadores internacionales como Borr Drilling y Fontis (Paratus) también suspendieron equipos contratados por Pemex, evidenciando tensiones contractuales y riesgos de continuidad operativa.
Como respuesta, en agosto el gobierno lanzó un plan de reestructuración con un vehículo financiero por 250 mil millones de pesos (unos 13.4 mil millones de dólares) administrado por Banobras y con garantía soberana.
El fondo tiene dos propósitos: normalizar pagos a proveedores para estabilizar la cadena de servicios y financiar proyectos estratégicos, principalmente en exploración y producción, buscando sostener metas de 1.8 Mb/d a 2035. La efectividad del plan dependerá de su velocidad de despliegue, la priorización de proyectos con mayor retorno (particularmente en campos con infraestructura disponible) y la capacidad de Pemex para destrabar equipamiento y cuadrillas hoy detenidas.
Los riesgos persisten: menor inversión física, rezagos en mantenimiento, y una base de campos maduros en declinación estructural. Además, la salida temporal de equipos eleva costos de reactivación (movilización, certificaciones, curvas de aprendizaje) y puede retrasar la incorporación de nuevos barriles. En el corto plazo, la clave será restablecer la confianza de la cadena de suministro con calendarios de pago creíbles, cerrar brechas logísticas y priorizar campañas de workovers y perforación con impacto rápido en producción. En el mediano plazo, la disciplina de capital y eventuales asociaciones en proyectos complejos podrían ser determinantes para revertir la tendencia.








