México captó cifras récord de inversión extranjera en 2025, destacando frente a la caída global. Nuevas políticas fiscales enfocadas en economía circular y turismo sostenible refuerzan esta tendencia y posicionan al país como un polo de desarrollo atractivo y responsable.
Mientras el mundo experimenta una caída en los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED), México ha logrado atraer cifras récord. Tan solo en el segundo trimestre de 2025, el país captó 34,265 millones de dólares, un incremento interanual del 10.2%. Esto no es menor. En un contexto global adverso —la UNCTAD reportó una contracción del 11% en la IED mundial en 2024—, México se consolida como un destino confiable y competitivo.
¿Qué está haciendo bien el país? En primer lugar, se ha sabido posicionar como una plataforma estratégica para el nearshoring, aprovechando su cercanía con Estados Unidos, su red de tratados de libre comercio y una base industrial robusta. Pero hay algo más: el gobierno ha comenzado a ofrecer incentivos alineados con una visión de desarrollo sustentable y socialmente responsable.
El Decreto de los Polos de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar, publicado el 4 de julio, es un ejemplo notable. Establece beneficios fiscales para quienes inviertan en actividades económicas sostenibles, como producción limpia o eliminación de contaminación. Esta política no solo atrae capital, sino que también orienta las inversiones hacia sectores que generan impacto ambiental y social positivo.
A esto se suma el esfuerzo de la Secretaría de Turismo, que cinco días después lanzó la Guía para el Financiamiento de Proyectos de Inversión Turística. Este instrumento busca facilitar el acceso al crédito para capital de trabajo, activos fijos e iniciativas verdes. En un país donde el turismo representa cerca del 8% del PIB, apoyar a las empresas del sector es clave para fortalecer cadenas de valor locales y detonar empleo.
Más allá de los grandes anuncios, los beneficios de esta IED son concretos: generación de empleos formales, transferencia de tecnología, desarrollo regional y aumento en la recaudación fiscal. Además, permite diversificar las fuentes de crecimiento económico en un momento en que las exportaciones manufactureras comienzan a mostrar signos de desaceleración.
Eso sí: atraer inversión no es suficiente. Se requiere institucionalidad, certeza jurídica, infraestructura eficiente y seguridad energética. También es clave evitar la trampa de la dependencia en sectores extractivos o de bajo valor agregado. Por eso es fundamental que los incentivos fiscales estén condicionados a compromisos ambientales, de innovación y generación de valor en territorio nacional.
La llegada de más de 55 mil millones de dólares en lo que va de 2025 en IED (considerando el récord del primer trimestre y el del segundo) habla de una oportunidad histórica. México tiene el momento, la ubicación y la atención del mundo. Ahora le toca consolidarse como un destino confiable, competitivo y responsable.





