El presidente de Colombia impulsará el desarrollo del fracking con el fin de avanzar hacia la explotación de yacimientos no convencionales, mientras que en México se ha abierto el debate para reconsiderar el uso de esta técnica.
Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia, anunció durante su discurso inicial luego de su posesión que impulsará un modelo de “fracking sostenible”. En ese sentido, el nuevo presidente de Junta Directiva, Luis Felipe Henao, dijo que Colombia debería dejar atrás la etapa de pilotos y avanzar hacia la explotación de yacimientos no convencionales. Por ello, planteó acelerar el desarrollo de esta técnica.
De acuerdo con Luis Felipe Henao, el país pasó de proyectar reservas de gas para unos 40 años a tener actualmente cerca de cinco años. Además, señaló que las importaciones ya representan alrededor de 30% del consumo nacional, situación que podría tener efectos sobre los precios para hogares y sectores productivos.
“Fracking sí, pero fracking ya”, fue la postura del funcionario ante esta técnica. Afirmó que Colombia lleva cerca de 15 años estudiando esta alternativa y actualmente existen herramientas para desarrollarla con procesos de licenciamiento y seguimiento ambiental.
Fracking en México
La historia del fracking en México tiene sus raíces desde 2003 cuando Pemex comenzó a aplicar la fractura hidráulica (fracking) de forma paulatina en pozos terrestres y en el borde del Golfo de México.
Posteriormente, durante el periodo de 2012 a 2014 se intensificó la perforación de pozos orientados a evaluar yacimientos no convencionales, registrando más de mil pozos intervenidos con esta técnica hacia el final del periodo.
De 2018 a 2024, en la administración de Andrés Manuel López Obrador, se dio un veto político contra el fracking, sin embargo, organizaciones civiles denunciaron que la actividad continuó de manera operativa o presupuestal en ciertos pozos ya abiertos.
Para principios de 2026, el gobierno de Claudia Sheinbaum abrió el debate para reconsiderar el uso del fracking con restricciones científicas y ambientales, para, según la mandataria, reducir la dependencia del gas extranjero.
Esta técnica continúa generando controversia entre distintos grupos sociales debido a la escasez de agua en regiones áridas, la contaminación de acuíferos y los riesgos sísmicos en el noreste de México.










