El cierre del estrecho de Ormuz afectaría energía, refinanciamiento y cadenas de suministro, las aerolíneas, químicos y constructoras serían los sectores más golpeados por la crisis.
La posibilidad de una disrupción prolongada en el estrecho de Ormuz, derivada del conflicto en Medio Oriente, representa una amenaza creciente para empresas y sectores económicos en todo el mundo, advierte un análisis de la calificadora Moody´s.
Los sectores más vulnerables son aquellos con alto consumo energético, costos operativos rígidos y limitada capacidad para trasladar aumentos de precios a los consumidores. Entre ellos destacan la industria química, aerolíneas y productos para la construcción.
Estas industrias dependen fuertemente de combustibles y transporte internacional, por lo que un aumento sostenido en los precios del petróleo y gas podría deteriorar rápidamente sus márgenes de rentabilidad.
Además, l calificadora advierte que una disrupción en las rutas marítimas afectaría tiempos de entrega y cadenas globales de suministro, elevando costos logísticos y presionando aún más las operaciones corporativas.
De acuerdo con el reporte sobre exposición corporativa global, los principales riesgos se concentran en tres frentes: los mercados energéticos y las cadenas de suministro, el endurecimiento de las condiciones macrofinancieras y el aumento de los riesgos geopolíticos y de seguridad.
El estrecho de Ormuz es uno de los principales corredores marítimos para el transporte mundial de petróleo y gas. Una interrupción prolongada impactaría directamente los costos energéticos, el comercio y el financiamiento empresarial.
Sectores de consumo también resentirían la crisis
El reporte señala que otros sectores presentan una exposición moderada, principalmente por una eventual caída en el consumo y menor confianza económica.
Entre los sectores que podrían resentir una desaceleración destacan:
- Productos de consumo.
- Comercio minorista.
- Industria textil e indumentaria.
- Hotelería.
- Manufactura.
- Papel y empaques.
El aumento en costos de energía, producción y transporte reduciría la rentabilidad de muchas empresas, particularmente aquellas con menor poder de fijación de precios.
A ello se sumaría un posible retraso en decisiones de compra por parte de consumidores y empresas, afectando ingresos y demanda.
Tasas altas y deuda elevan vulnerabilidad empresarial
Moody´s estaca que uno de los mayores focos de riesgo identificados es la capacidad de refinanciamiento de las empresas.
El análisis advierte que compañías con alta deuda, baja liquidez y vencimientos de corto plazo enfrentarían mayores dificultades si el conflicto genera inestabilidad prolongada en los mercados financieros y un incremento más severo de las tasas de interés.
Los sectores inmobiliarios y los fideicomisos de inversión inmobiliaria (REIT) aparecen entre los más sensibles al aumento de tasas, debido a su dependencia del financiamiento.
Las empresas con menor calidad crediticia serían las más vulnerables frente a restricciones de crédito o mayores costos financieros.
Siete de cada 10 empresas resentirían una disrupción prolongada
El reporte estima que alrededor de 70% de las empresas no financieras del mundo enfrentarían efectos negativos en caso de un conflicto prolongado y mayores tensiones en los mercados crediticios.
Las compañías con calificaciones crediticias más bajas serían las más afectadas, especialmente aquellas con fuerte exposición a mercados energéticos y cadenas de suministro globales.
En términos regionales, las empresas de Asia Pacífico presentan una exposición relativamente menor frente a otras regiones. Aunque la región depende ampliamente del petróleo proveniente de Medio Oriente, cerca de 80% de sus compañías cuentan con grado de inversión, frente a aproximadamente 30% en otras regiones.
La creciente tensión en Medio Oriente reactivó preocupaciones sobre la estabilidad energética mundial y la vulnerabilidad de las cadenas globales de suministro.
El análisis concluye que una crisis prolongada no sólo impactaría el precio del petróleo, sino también las condiciones financieras internacionales, la confianza empresarial y la capacidad de las compañías para refinanciar deuda en un entorno de tasas elevadas.
Esto podría traducirse en menores inversiones, desaceleración económica y una mayor presión sobre sectores altamente dependientes de energía y financiamiento.








