México y Estados Unidos acordaron impulsar el empleo manufacturero y limitar insumos ligados a prácticas desleales rumbo a la revisión del T-MEC.
México y Estados Unidos acordaron abrir una ruta de trabajo para fortalecer la producción manufacturera en ambos países y, al mismo tiempo, cerrar el paso a insumos comercializados bajo prácticas desleales dentro de las cadenas de suministro de América del Norte, como parte de la primera ronda bilateral previa a la revisión del T-MEC.
De acuerdo con la Secretaría de Economía y la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), el secretario Marcelo Ebrard Casaubón y el representante comercial estadounidense Jamieson Greer instruyeron a sus equipos a revisar opciones concretas para incrementar la producción y el empleo manufacturero en las dos economías.
Inauguran la primera ronda
La reunión se realizó en la sede de la USTR, en Washington, y forma parte de los trabajos previos a la revisión conjunta del T-MEC, prevista para iniciar el 1 de julio. En este proceso, ambos gobiernos buscan definir medidas que permitan reforzar la integración regional y, al mismo tiempo, atender puntos sensibles dentro del comercio norteamericano.
Uno de los temas centrales fue la necesidad de reducir la dependencia de insumos que entran a las cadenas productivas bajo condiciones de competencia desleal, un asunto que se ha vuelto estratégico para la industria manufacturera de la región. La intención, según lo acordado, es proteger el contenido regional, fortalecer a los proveedores establecidos en América del Norte y evitar distorsiones que afecten la competitividad de las empresas instaladas en México y Estados Unidos.
Además del empleo y las prácticas desleales, las dos partes revisaron brechas en cadenas de suministro clave y analizaron posibles respuestas de política pública. Entre los temas en discusión figuran una mayor cooperación en seguridad económica, las reglas de origen y acciones complementarias orientadas a robustecer la plataforma industrial compartida.
En términos prácticos, el mensaje de ambas delegaciones es que la revisión del T-MEC no solo se enfocará en el comercio en sentido estricto, sino también en la capacidad de la región para generar más empleo manufacturero, retener inversión y asegurar que los beneficios del acuerdo se traduzcan en producción efectiva dentro de América del Norte. Esa lectura cobra especial relevancia en un contexto de relocalización industrial y reconfiguración de cadenas globales. Esta última parte es una inferencia a partir de los objetivos planteados en el comunicado oficial.
Ebrard y Greer también acordaron que sus equipos sostengan reuniones frecuentes en las próximas semanas para avanzar en los temas técnicos e identificar entregables rumbo al arranque formal de la revisión. Según declaraciones del secretario de Economía, algunas de estas rondas serán virtuales y otras presenciales, tanto en Washington como en México.
Otro punto que apareció desde esta primera discusión fue el de las reglas de origen, un componente clave del T-MEC porque determina qué tanto contenido regional debe tener un producto para acceder a las preferencias del acuerdo. La revisión de estas reglas está directamente vinculada con la meta de elevar la producción local y frenar la entrada de componentes que compitan de manera desleal dentro del mercado regional.
En este escenario, Canadá todavía no se integraba de lleno a estas conversaciones bilaterales, aunque se prevé su incorporación más adelante en el proceso de revisión trilateral, conforme avance el calendario de trabajo entre los socios del acuerdo. Ese punto fue mencionado por Ebrard en entrevistas, mientras que la revisión conjunta del T-MEC ya figura en comunicaciones oficiales de la USTR.
La relevancia económica del acuerdo explica la atención sobre esta primera ronda. La región del T-MEC reúne a más de 500 millones de consumidores y representa cerca de 30% del PIB mundial, de acuerdo con datos oficiales citados por la parte mexicana. Además, el comercio entre México y Estados Unidos alcanza alrededor de 100 millones de dólares por hora, mientras que cerca de 40% de lo que México exporta a su vecino incorpora insumos estadounidenses, reflejo del alto nivel de integración productiva entre ambas economías.
En ese marco, la apuesta de México y Estados Unidos es que la revisión del T-MEC sirva no solo para actualizar reglas, sino para blindar empleos manufactureros, fortalecer cadenas de suministro regionales y asegurar que la competencia dentro de América del Norte se dé bajo condiciones más equilibradas.








