Pemex busca producir 4.5 bcf/d de gas natural en 2026 con más de 34 mil mdp, concentrados en Ixachi, Bakté y Burgos.
Petróleos Mexicanos (Pemex) puso al gas natural en el centro de su agenda operativa para 2026. La empresa productiva del Estado plantea elevar su producción hasta 4,500 millones de pies cúbicos diarios (4.5 bcf/d) durante el próximo año, con una inversión programada de más de 34 mil millones de pesos, en un intento por reducir presiones de abasto para el sistema eléctrico y por contener, al menos parcialmente, la dependencia de importaciones desde Estados Unidos. La meta forma parte de un objetivo mayor: acercarse a 5,000 millones de pies cúbicos diarios hacia 2028, según el planteamiento difundido esta semana.
La estrategia de inversión, de acuerdo con la información publicada, se concentra en tres frentes que Pemex considera determinantes para incrementar la disponibilidad de gas: Ixachi, Bakté y Burgos. En el caso de Ixachi, la petrolera prevé canalizar alrededor de 19 mil millones de pesos. Se trata de un activo terrestre ubicado en Tierra Blanca, Veracruz, descrito como el campo de gas natural y condensados más grande de Pemex, y cuya relevancia no solo radica en su potencial de producción, sino en su papel como ancla de suministro para regiones con consumo creciente.
El segundo eje es Bakté, donde Pemex proyecta destinar alrededor de 10 mil millones de pesos en 2026. La referencia de reservas asociadas al campo lo posiciona como un activo con peso en la cartera de proyectos estratégicos, en un momento en que la empresa busca sostener inversiones que se traduzcan en volumen tangible para el mercado interno.
El tercer componente es Burgos, un nombre que históricamente ha estado ligado a la narrativa gasífera de México y a su conexión con la frontera norte. Aunque en la comunicación pública varían los detalles operativos por activo, la inclusión de Burgos en el paquete prioritario para 2026 refuerza el mensaje de que Pemex está intentando reactivar o reforzar regiones con vocación gasífera para empujar producción nacional.
El impulso al gas se entiende mejor cuando se coloca junto a la ruta energética del país. El sistema eléctrico mexicano depende en gran medida del gas natural para generación, y el mercado industrial lo usa como insumo transversal. Por eso, cada incremento en producción nacional tiene una lectura inmediata: menos exposición a choques por precio o disponibilidad en el mercado externo y más margen para planear el despacho eléctrico y el abastecimiento industrial. En la práctica, la conversación técnica suele aterrizarse en una pregunta de operación: cuántos millones de pies cúbicos adicionales pueden fluir hacia los puntos de consumo y con qué estabilidad a lo largo del año.
El anuncio de inversión específica para gas convive, además, con un marco más amplio de gasto operativo de Pemex para 2026. En febrero, comunicados oficiales señalaron que Pemex elevará su inversión productiva a un monto del orden de 425 mil millones de pesos, como parte de su agenda para asegurar producción, eficiencia y sostenibilidad. Ese contexto importa porque la inversión en gas no se mueve aislada: compite por presupuesto y ejecución con exploración y producción de crudo, refinación, mantenimiento y otros proyectos estratégicos.
La cifra de 34 mil millones de pesos para gas en 2026, con una meta de 4.5 bcf/d, también reabre el debate interno del sector sobre tiempos y cuellos de botella. Aumentar producción no es únicamente perforar o intervenir pozos; requiere capacidad de manejo de gas, acondicionamiento, infraestructura de recolección y procesamiento, y coordinación logística para que el gas llegue con calidad comercial a donde se consume. La agenda se vuelve aún más exigente cuando se busca sostener incrementos de producción sin comprometer seguridad operativa y sin aumentar el volumen de gas quemado o venteado, un tema que suele aparecer como indicador de eficiencia en operación upstream.
En el mercado, la atención se concentra en cómo aterrizan las metas en calendarios de ejecución. La priorización de Ixachi, Bakté y Burgos envía una señal de foco: Pemex apuesta por activos donde ve capacidad de empujar volumen en el corto plazo. La expectativa en la industria, a partir de estas metas, suele trasladarse a lo medible: producción mensual reportada, avances de inversión por activo, y ritmo de entrega de infraestructura asociada.
Con el objetivo 2026 sobre la mesa, el gas se consolida como el capítulo que Pemex está usando para conectar inversión con un resultado que impacta de forma inmediata al sistema energético: más molécula disponible en el país para electricidad e industria, con una hoja de ruta que apunta a 2028 como la siguiente estación de volumen objetivo.









