El montaje del reactor de hidrotratamiento en Salina Cruz marca un avance decisivo del proyecto de coquizadora, pero confirma retrasos significativos frente al calendario original y metas de refinación.
El montaje del reactor de hidrotratamiento en el proyecto de Aprovechamiento de Residuales de la Refinería de Salina Cruz marca un hito técnico relevante, pero también pone bajo la lupa los tiempos de ejecución de una de las obras más importantes del Sistema Nacional de Refinación.
La refinería Antonio Dovalí Jaime, en Salina Cruz, es la de mayor capacidad del país —alrededor de 330 mil barriles diarios— y es pieza central de la estrategia para reducir la producción de combustóleo y aumentar la oferta de gasolinas y diésel de mayor valor. El nuevo tren de coquizadora y unidades asociadas de hidrotratamiento forma parte del programa de “aprovechamiento de residuales” diseñado para procesar fondos de barril y transformarlos en destilados medios, disminuyendo la carga de combustóleo en el balance de Pemex.
De acuerdo con información pública reciente, tanto la coquizadora de Tula como la de Salina Cruz fueron concebidas como proyectos “ancla” para completar el viraje del sistema de refinación hacia combustibles limpios, con inversiones estimadas cercanas a 60 mil millones de pesos por planta. El calendario original preveía entrar en operación hacia finales de 2024 o inicios de 2025; sin embargo, para el último trimestre de 2025 el propio gobierno reconoce avances físicos de alrededor de 85% en Tula y 74% en Salina Cruz, sin una fecha firme de arranque comercial.
En ese contexto, la maniobra de montaje del reactor en Salina Cruz refleja tanto el progreso constructivo como el rezago acumulado. El reactor de hidrotratamiento es crítico para reducir azufre en gasóleos y cumplir con normas de calidad como la NOM-016-CRE-2016, que fija límites estrictos de azufre para gasolinas y diésel de uso vehicular. Su operación integrada con la coquizadora permitirá transformar residuos pesados en coque, gas y destilados más ligeros, alineando la producción con las exigencias ambientales y de mercado.
Los retrasos tienen implicaciones directas en el perfil de producción. En los últimos años, el Sistema Nacional de Refinación ha mantenido una proporción elevada de combustóleo sobre el total de petrolíferos, presionando márgenes de refinación y obligando a colocar volúmenes crecientes de este producto en generación eléctrica o exportación con descuentos significativos. El arranque pleno de las coquizadoras es clave para revertir esa estructura, pero cada mes de atraso prolonga el esquema actual de rendimientos.
Al mismo tiempo, el proyecto de Salina Cruz se inserta en la agenda de modernización de activos productivos impulsada por la Secretaría de Energía, Pemex y CFE, que incluye inversiones en cogeneración, desulfuradoras y sistemas de manejo de residuales en varias refinerías. El avance físico visible en el montaje del reactor convive con un historial de cronogramas ajustados y ampliación de plazos que sigue condicionando la velocidad con la que el sistema podrá capturar los beneficios esperados en calidad de combustibles y reducción de combustóleo.








