Gasoductos y nuevas centrales buscan resolver uno de los principales obstáculos para atraer industria al sureste: la energía.
Durante décadas, una parte importante de la industria mexicana se ha concentrado en el norte, el Bajío y el centro del país. En el sureste, uno de los obstáculos para romper esa dinámica ha sido tener energía suficiente, confiable y competitiva para instalar nuevas fábricas.
Ese obstáculo comienza a modificarse con una red de proyectos que incluye Puerta al Sureste, la ampliación de Mayakán mediante Cuxtal II y nuevas centrales eléctricas de ciclo combinado.
Especialistas coinciden en que la infraestructura energética es una condición indispensable para atraer capital. Sin embargo, advierten que construirla es apenas el primer paso.
Sin energía no hay industria
Óscar Ocampo, director de Desarrollo Económico del IMCO, comenta que el impacto de las obras será particularmente importante en el mediano plazo porque atacan una de las restricciones que históricamente enfrenta la región.
“Una de las primeras trabas que alguien se enfrentaba al momento de querer invertir en esa zona era la energía”, explica.
El especialista destaca que resolver el suministro energético no elimina automáticamente los demás rezagos del sureste, pero sin hacerlo resulta mucho más difícil resolverlos.
“Si tú no destrabas esto, no vas a destrabar todo lo demás. Destrabando esto, sí abres nuevas posibilidades para estos estados”, sostiene.
El cambio ya tiene infraestructura concreta detrás. Puerta al Sureste, desarrollado por CFE y TC Energía, representa una inversión de 3 mil 900 millones de dólares y conecta Tuxpan con Coatzacoalcos y Paraíso. A ello se suma Cuxtal II, que ampliará el suministro hacia la península de Yucatán.
Mientras que la ampliación del gasoducto Mayakan estará completa en el primer semestre de 2027, la cual duplicará el suministro de gas natural para garantizar suministro eléctrico en el sureste mexicano.
Finalmente, las nuevas centrales eléctricas complementan esa red y convierten al gas natural en una pieza central para ampliar la capacidad de generación.
El verdadero impacto llegará después
Osmar Zavaleta, profesor del Departamento de Finanzas y Economía de Negocios de EGADE Business School, comenta que el éxito no debe medirse solamente por la inversión destinada a construir gasoductos y centrales.
Durante la ejecución de las obras existe un primer efecto económico mediante empleos directos e indirectos, contratación de servicios y demanda de proveedores. Sin embargo, considera que el indicador verdaderamente relevante aparecerá cuando la infraestructura esté operando.
“Lo más relevante será ver en el futuro cuál es la incidencia” sobre variables como la inversión y el empleo, señala.
Para Zavaleta, habrá que observar cuánta inversión extranjera directa nueva llega, cuántas empresas se instalan, cuántos empleos permanentes se crean y cómo se configuran nuevas cadenas de valor.
No se trata solamente de recibir reinversión de empresas que ya operan en México, sino de conseguir que la nueva capacidad energética modifique las decisiones de localización de compañías que buscan dónde instalar sus siguientes proyectos.
De Yucatán al Istmo
La nueva infraestructura energética sería la antesala al desarrollo industrial de la región, pero también abre la discusión sobre qué vocación industrial puede desarrollar el sureste.
Zavaleta identifica oportunidades diferentes según cada estado. Veracruz y Tabasco podrían profundizar actividades petroquímicas, químicas y de fertilizantes; Chiapas y Oaxaca tendrían posibilidades en agroindustria y procesamiento de alimentos, mientras que el Istmo de Tehuantepec puede aprovechar su infraestructura logística para aumentar la actividad manufacturera y exportadora.
Con mayor disponibilidad de gas, nueva generación eléctrica y mejoras en transmisión, Zavaleta observa posibilidades para actividades de mayor valor agregado, como electrónica, dispositivos médicos, ciertas fases de la cadena de semiconductores y centros de datos.
Ocampo identifica claramente el siguiente eslabón: “el siguiente paso sería logístico”, afirma.
Eso implica completar proyectos como la modernización de Puerto Progreso y Coatzacoalcos, además de fortalecer la conectividad de carga y conseguir que las diferentes obras funcionen como una red integrada.
“Primero es energía para poder producir, pero también es toda la logística para poder mover insumos y mercancías”, explica Óscar Ocampo.
El Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec cobra especial relevancia bajo esa lógica: energía, ferrocarriles, carreteras y puertos necesitan operar conjuntamente si el objetivo es construir nuevos corredores industriales.











