La inversión pública busca avanzar en baterías, extracción de litio y tecnologías para la transición energética.
México destinará 175 millones de pesos durante 2026 a la construcción de una planta de ensamble de baterías, como parte de los esfuerzos del gobierno federal para desarrollar una cadena de valor nacional del litio y avanzar en la fabricación de baterías para vehículos eléctricos.
Los recursos provienen del Fondo Mexicano del Petróleo y estarán orientados al proyecto de una planta de ensamble de baterías vinculada con el proyecto del automóvil eléctrico Olinia, ubicada presuntamente en Puebla.
Fabricación de baterías de litio en México, un paso decisivo
Esta inversión representa principalmente un esfuerzo para avanzar en la etapa de fabricación y ensamble de baterías, mientras que el desarrollo de la materia prima y las tecnologías de extracción permanecen en distintas fases de investigación, prueba y demostración.
En este contexto, Litio para México, empresa estatal desconcentrada de la Secretaría de Energía (Sener) encargada de impulsar el desarrollo de este recurso estratégico, contará con un presupuesto de 13.975 millones de pesos para 2026, destinado a gasto corriente, principalmente servicios personales y operación. El monto representa un incremento real de apenas 3.3% frente al presupuesto del año previo.
Esto significa que, al analizar los recursos públicos destinados al desarrollo del litio, la inversión física identificada para 2026 se concentra en el proyecto de baterías, mientras que la entidad responsable de impulsar el desarrollo del recurso opera principalmente con recursos para su funcionamiento.

México avanza en investigación y plantas piloto
La estrategia gubernamental también contempla recursos y trabajos de investigación para determinar el potencial del litio mexicano y desarrollar tecnologías que permitan aprovecharlo.
En su segundo informe de gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum señaló que se elaboraron documentos para dimensionar la demanda nacional de energías renovables, almacenamiento estacionario y baterías, con el objetivo de definir las necesidades de infraestructura y tecnología asociadas con la transición energética.
Entre los trabajos realizados se encuentran el Estudio de Prospección de Sistemas Fotovoltaicos en México, el Estudio de prefactibilidad para un centro de investigación en baterías y el Estudio del mercado nacional de baterías, que incluyó el análisis de prefactibilidad para una planta piloto.
El gobierno también reportó la conclusión de la adecuación del Centro Experimental de Celdas y Fábrica de Baterías, así como el inicio de la instalación de equipo especializado para ponerlo en operación.
Estos proyectos apuntan a desarrollar capacidades nacionales en tecnologías relacionadas con las baterías, aunque todavía se encuentran en una etapa de investigación, desarrollo y demostración frente al objetivo de construir una cadena industrial de escala comercial.
El reto: extraer el litio mexicano
El desarrollo de baterías requiere resolver primero el acceso a la materia prima. Por ello, el gobierno también trabaja en tecnologías para la extracción de litio a partir de recursos disponibles en México.
De acuerdo con el reporte gubernamental, se ha optimizado el proceso de extracción de litio de arcillas mexicanas y se avanza en una planta demostrativa de extracción directa de litio.
Además, el análisis de más de 200 muestras de agua congénita permitió identificar cinco campos en la Región Sur con concentraciones de litio consideradas aprovechables, con un recurso contingente superior a 2 millones de toneladas.
Este dato, sin embargo, no equivale automáticamente a reservas probadas listas para explotación comercial. El reto será demostrar que estos recursos pueden extraerse de manera técnica y económicamente viable y, posteriormente, escalar los procesos a una producción industrial.
Un impulso para la industria automotriz
La estrategia plantea así una cadena que va desde la identificación y extracción del recurso hasta la fabricación de baterías y su incorporación a vehículos eléctricos, lo que sin duda sería un impulso para la industria automotriz mexicana.
El proyecto de los 175 millones de pesos representa uno de los primeros esfuerzos de inversión física para avanzar específicamente en el eslabón de las baterías, mientras que otros proyectos permanecen en etapas de investigación, prefactibilidad o demostración tecnológica.
Por ello, la pregunta para la industria no es únicamente cuánto litio tiene México, sino cuánto está destinando el país para convertir ese potencial en una cadena productiva capaz de abastecer baterías y vehículos eléctricos fabricados en territorio nacional.










