La creciente demanda eléctrica convierte al almacenamiento energético en un activo estratégico para el país.
El país busca consolidarse como uno de los principales destinos para la relocalización de cadenas productivas, lo cual exige desarrollar una capacidad que durante años permaneció en segundo plano: el almacenamiento de energía.
De acuerdo con información del Centro Nacional de Control de Energía (CENACE), la demanda del Sistema Interconectado Nacional ha alcanzado niveles cercanos a los 50 GW durante los periodos de mayor consumo, una presión que se incrementará conforme avance la electrificación de procesos industriales, la expansión de centros de datos y el crecimiento de nuevos corredores manufactureros.
Aunque la conversación sobre el nearshoring perdió intensidad tras los cambios en el entorno político y comercial de Norteamérica, la transformación industrial de México continúa. Parques industriales, centros logísticos y nuevas plantas manufactureras siguen expandiéndose en diversas regiones del país, impulsados por empresas que requieren un suministro eléctrico suficiente, confiable y, cada vez con mayor frecuencia, proveniente de fuentes limpias.
Al mismo tiempo, la incorporación acelerada de generación solar y eólica modifica la forma tradicional de operar la red eléctrica. La transición energética ya no depende sólo de instalar más capacidad de generación; requiere también contar con herramientas que permitan administrar esa energía con mayor flexibilidad.
Un activo estratégico
Frente a ese escenario, los sistemas de almacenamiento mediante baterías (Battery Energy Storage Systems, BESS) dejan de ser una tecnología complementaria para convertirse en un activo estratégico. Su capacidad para conservar electricidad cuando existe excedente de generación y liberarla durante los momentos de mayor demanda permite fortalecer la estabilidad del sistema, facilitar la integración de energías renovables y aprovechar mejor la infraestructura existente.
“El almacenamiento de energía será un componente estratégico para garantizar la confiabilidad del Sistema Eléctrico Nacional. Permitirá equilibrar la variabilidad de las energías renovables, atender los picos de demanda y fortalecer la estabilidad de la red. Frente al crecimiento industrial asociado al nearshoring, México necesitará un suministro eléctrico mucho más flexible y confiable”, afirma José C. Femat, economista, académico y analista del sector energético, en entrevista para Industry & Energy Magazine.
Una fuente del sector energético, que solicitó mantener su identidad en reserva debido a políticas de confidencialidad de la empresa para la que trabaja, señala que el almacenamiento no sólo permitirá gestionar la intermitencia de las energías renovables, sino también optimizar el uso de la infraestructura existente y responder con mayor flexibilidad al crecimiento de la demanda.
La especialista añade que estas tecnologías pueden contribuir a mitigar algunas limitaciones de las redes de transmisión al desplazar energía hacia los momentos de mayor consumo y reducir la congestión en determinadas zonas del sistema.
Urgen reglas claras
El país requiere un marco regulatorio claro y estable, mecanismos que reconozcan y remuneren adecuadamente los servicios que presta el almacenamiento al sistema eléctrico, procesos más ágiles de interconexión y una expansión sostenida de la infraestructura de transmisión.
El fortalecimiento de las redes será determinante para acompañar el crecimiento de la demanda y la incorporación de nuevas fuentes de generación, y sin una infraestructura adecuada, la energía renovable podría enfrentar mayores restricciones operativas y perder parte de su capacidad para atender las necesidades de la industria.
“México requiere un marco regulatorio que otorgue certidumbre de largo plazo a la inversión en almacenamiento eléctrico. A ello deben sumarse mecanismos de financiamiento, procesos ágiles de interconexión y una mayor coordinación entre gobierno, industria y academia para aprovechar plenamente el potencial de esta tecnología”, sostiene Femat.
Más allá del ámbito energético, el almacenamiento es un factor de competitividad nacional, empresas de sectores como el automotriz, electrónico, semiconductores y centros de datos analizan la confiabilidad del suministro, la disponibilidad de energía limpia y la capacidad de la infraestructura para acompañar sus planes de crecimiento.







