El país avanzó menos en energía limpia que sus competidores y descendió al lugar 59 de 120 economías evaluadas por el Foro Económico Mundial.
México retrocedió cuatro posiciones en el Índice de Transición Energética 2026 del Foro Económico Mundial (WEF), lo que muestra los rezagos que tiene el país para modernizarse hacia energías limpias y competir en una economía cada vez más descarbonizada.
Aunque México mejoró ligeramente su calificación general al pasar de 56 a 56.5 puntos, el avance fue insuficiente frente al dinamismo mostrado por otras naciones. El país descendió del lugar 55 al 59 entre las 120 economías evaluadas, superado por mercados que en años anteriores se encontraban por debajo de él.
Esta situación sucede mientras países emergentes aceleran inversiones, fortalecen regulaciones y construyen infraestructura para avanzar hacia energías más limpias.
El reporte muestra que economías tradicionalmente vinculadas a los hidrocarburos lograron avances más acelerados. Qatar protagonizó uno de los mayores saltos al pasar del lugar 78 al 58; Arabia Saudita avanzó del sitio 60 al 55, mientras que Indonesia escaló del 58 al 54.
Incluso Argentina y Ucrania lograron mejorar su posición relativa, desplazando a México dentro de un ranking que mide la capacidad de los países para construir sistemas energéticos más seguros, sostenibles y competitivos.
La lectura es clara: aunque México no retrocedió en términos absolutos, sí perdió competitividad frente a economías que están transformando con mayor rapidez sus marcos regulatorios, esquemas de inversión y estrategias energéticas.
La preparación para la transición
El diagnóstico del Foro Económico Mundial revela una paradoja. México mantiene un desempeño relativamente sólido en la operación de su sistema energético actual, pero presenta debilidades estructurales para sostener la transición hacia el futuro.
El país obtuvo 66.9 puntos en desempeño del sistema energético, una calificación que refleja niveles aceptables de acceso, seguridad y funcionamiento del sector.
Sin embargo, la preparación para la transición energética se ubicó en apenas 41 puntos, una de las principales debilidades identificadas por el organismo internacional.
Este indicador evalúa aspectos fundamentales para atraer inversiones y acelerar la transformación energética, como la calidad regulatoria, el compromiso político, la infraestructura disponible, la innovación tecnológica y el desarrollo de capital humano.
La brecha evidencia que México mantiene un sistema energético funcional, pero enfrenta dificultades para crear las condiciones que permitan una evolución más acelerada hacia tecnologías limpias.
Dependencia fósil frena el avance
Otro de los factores que afectaron el desempeño nacional fue el deterioro en la intensidad energética, indicador que mide la eficiencia con la que se utiliza la energía dentro de la economía.
El WEF señala además que, pese al crecimiento reciente de algunas inversiones en energías limpias, México continúa dependiendo de manera significativa de infraestructura y sistemas basados en combustibles fósiles.
Esta situación limita la velocidad de descarbonización y dificulta alcanzar avances comparables con los observados en otras regiones del mundo.
Un desafío para la competitividad
El resultado adquiere relevancia en un momento en que la transición energética se ha convertido en un factor clave para atraer inversiones industriales, centros de datos, manufactura avanzada y proyectos vinculados al nearshoring.
La disponibilidad de energía limpia, confiable y competitiva comienza a ser un criterio determinante para las empresas globales que buscan instalar nuevas operaciones.
El descenso de México en el Índice de Transición Energética refleja un desafío para el sector energético, pero también para la capacidad del país de mantener su atractivo industrial en una economía global que avanza cada vez más rápido hacia la electrificación y la descarbonización.









