El almacenamiento de energía se consolida como un elemento estratégico para las empresas que buscan asegurar la continuidad operativa y avanzar en sus objetivos de transición energética.
En un entorno donde la integración de energías renovables y la resiliencia de las redes eléctricas cobran mayor relevancia, el mercado global de almacenamiento alcanzó un valor de 50 mil 160 millones de dólares en 2025, con proyecciones que lo ubican en 486 mil 180 millones de dólares hacia 2035.
En América Latina, el crecimiento también es significativo, se estima que la capacidad instalada de almacenamiento podría llegar a 23 GW hacia 2034, mientras que el mercado de sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BEES por sus siglas en inglés) mantiene tasas de crecimiento cercanas al 40% anual entre 2025 y 2030.
“Hoy el valor del almacenamiento no está solo en la batería, sino en la inteligencia que la gestiona. La capacidad de integrar software, analítica y operación es lo que realmente define el impacto del sistema”, indica Ayalli Gurría Gallardo, Directora Comercial en Quartux.
Ante la diversidad de tecnologías y esquemas disponibles, identificar la solución adecuada requiere un análisis integral. Entre los factores clave destaca, en primer lugar, el entendimiento del perfil energético de la empresa, evaluar la variabilidad del consumo, la demanda máxima y los riesgos asociados a interrupciones permite dimensionar correctamente el sistema. En operaciones continuas, el almacenamiento no solo estabiliza el suministro, también permite reducir picos de demanda y desplazar el consumo hacia horarios de menor costo, lo que puede representar entre 20% y 40% de la factura eléctrica.
La integración con energías limpias es otro elemento central. Los sistemas de almacenamiento facilitan el aprovechamiento de generación renovable mediante esquemas como el autoconsumo aislado, permitiendo almacenar energía en momentos de alta producción y utilizarla cuando se requiere, a ello se suma la digitalización, que posibilita medir en tiempo real el origen de la energía y su huella de carbono, información clave para reportes ESG.
En el ámbito financiero, el mercado ha evolucionado hacia modelos más flexibles que eliminan o reducen la necesidad de inversión inicial. Existen esquemas que permiten desde la adquisición total del sistema hasta modalidades como “BESS as a Service”, donde el proveedor asume el diseño, instalación y operación bajo esquemas de ahorros compartidos.
“Por ejemplo, nuestro esquema de propiedad total permite realizar una inversión única para adquirir el sistema y obtener el 100% de los ahorros desde el inicio, con retornos atractivos y beneficios a largo plazo. Otro esquema con el que apoyamos a las empresas, la inversión inicial es menor y los pagos mensuales se cubren con los ahorros generados, permitiendo beneficios inmediatos. Mientras que el modelos como el ‘BESS as a Service’ elimina por completo el CAPEX, porque nos encargamos del diseño, instalación y operación bajo un esquema de ahorros compartidos”, explicó Ayalli Gurría.
La experiencia del proveedor también resulta determinante. La implementación de estos sistemas implica desde estudios técnicos y permisos regulatorios hasta operación y mantenimiento. Contar con soporte continuo y capacidades de monitoreo puede definir el éxito del proyecto, especialmente en entornos donde la confiabilidad energética es crítica.
Finalmente, la inteligencia del sistema emerge como el diferenciador clave. Plataformas de gestión energética que integran analítica avanzada e inteligencia artificial permiten optimizar el desempeño en tiempo real, anticipar fallas y maximizar ahorros.
“Nuestro historial operativo es uno de los más robustos de la región porque comprende más de 100 proyectos instalados, para nosotros eso se traduce en un esfuerzo real por entender y conocer las necesidades de los clientes”, apuntó.







