El nuevo plan estratégico de Pemex reconoce la crisis de liquidez y prioriza E&P, pero descansa sobre producción a la baja, deuda récord y proveedores estrangulados sin hoja clara de ejecución.
El “Plan Estratégico 2025-2035 y la Estrategia Integral de Capitalización y Financiamiento”, son planes que suenan bien… sobre el papel, pero llegan con la promesa de “estabilizar” a Pemex. Más disciplina financiera, cinco pilares de capitalización y 84% de la inversión pública dirigido a exploración y extracción. Sobre el PowerPoint luce maravilloso: menos deuda hacia 2030, más CAPEX en los pozos correctos, uso más inteligente del apoyo fiscal.
Se mantiene la búsqueda de que privados participen en actividades de E&P con los “contratos los mixtos” (aunque el mecanismo no es del agrado de los privados) y otros esquemas con privados para complementar capacidades técnicas y financieras. Es una novedad importante en un gobierno que pasó años negando que Pemex necesitaba socios (eso ya es ganancia). Pero se tienen que hacer cambios en el esquema para atraer más jugadores y sobre todo formas de garantizar sus pagos.
Hasta ahí, la narrativa parece razonable. El problema es el suelo donde se quiere plantar.
Mientras el plan habla de llegar a 1.8 millones de barriles diarios de hidrocarburos líquidos, los números de 2025 cuentan otra historia. Entre enero y noviembre, Pemex promedió 1.616 millones de barriles diarios, 7.8% menos que un año antes, incluso sumando condensados. Con socios, el total nacional llegó a 1.633 millones, pero cayó al mismo ritmo. 
Traducido: antes de pensar en crecer, Pemex tendría que dejar de caer. Para alcanzar 1.8 millones no basta con “sumar” 165 mil barriles; hay que compensar primero la declinación de campos maduros, cosa que el plan menciona en abstracto, pero no desmenuza con metas por activo, taladros, completamientos o reservas.
El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) pone el dedo en la llaga. La reducción de deuda que presume el plan descansa en transferencias fiscales futuras, refinanciamientos y supuestos optimistas de operación; sin cambios de fondo en refinación y sin normalizar pagos a la cadena de suministro, la trayectoria luce frágil.
Aunque se asegura que se pagaron 400 mil millones de pesos en 2025, al cierre del tercer trimestre del 2025, la deuda con proveedores alcanzó un récord histórico de 517 mil millones de pesos, según reportes enviados a la Bolsa. Es el nivel más alto registrado y, aun así, los pagos del año fueron los más bajos desde 2020.
Esa cifra no aparece en los discursos, pero sí en las nóminas atrasadas de cientos de empresas en Campeche, Tabasco y el resto del país. Sin proveedores con dinero, no hay taladros, ni mantenimiento, ni producción que aguante.
Lo que el plan no dice (y debería decir)
No hay una estrategia seria de gas natural ni de almacenamiento, a pesar de que el sistema eléctrico y la industria dependen crecientemente de moléculas importadas desde Texas. 
El plan es un paso necesario, pero no suficiente. Ordena la presentación, no la realidad. Si el nuevo dinero solo sirve para refinanciar deuda financiera mientras la deuda con proveedores y la producción siguen bajo presión, la brecha entre se va a ensanchar.
La verdadera prueba del Plan Estratégico de Pemex no será la calificación del siguiente bono, sino algo mucho más sencillo: si en dos años hay más barriles reservas y producción, menos facturas vencidas… y menos discursos que no cuadran con la aritmética.








