Fitch advierte que Pemex casi agotó el beneficio del apoyo estatal; sin cambios en deuda, producción y proveedores, el grado de inversión seguirá fuera de alcance.
Petróleos Mexicanos (Pemex) estaría llegando al límite de mejora posible en su calificación crediticia bajo el esquema actual de apoyo del gobierno federal, advirtió Adriana Eraso, analista líder de Fitch Ratings, en entrevista con El Financiero. Aunque las medidas de respaldo aplicadas desde finales de 2024 —inyecciones de capital, apoyos fiscales y manejo de vencimientos— han sido consistentes con lo que la agencia esperaba del accionista mayoritario, su efecto positivo sobre la nota de Pemex estaría prácticamente agotado.
La petrolera se mantiene a un escalón del grado de inversión, pero esta posición se explica más por el apoyo extraordinario del gobierno que por una mejora estructural en sus indicadores financieros de apalancamiento, generación de flujo y liquidez. De acuerdo con Eraso, para avanzar un peldaño más serían necesarias dos condiciones que hoy no se observan en el horizonte:
- una garantía explícita del Estado sobre al menos 75% de la deuda total de Pemex; o
- una mejora en la calificación soberana de México.
Ninguno de estos escenarios luce probable en el corto plazo. Una garantía amplia implicaría, en la práctica, trasladar la deuda de Pemex al balance del soberano como un pasivo contingente de mayor peso, con el riesgo de presionar a la baja la calificación del propio gobierno federal.
La reciente vuelta de Pemex a los mercados financieros internacionales fue interpretada por Fitch como una operación de manejo de pasivos y liquidez, enfocada en alargar plazos y suavizar el calendario de vencimientos, más que como una reducción neta del endeudamiento. Al no contar con garantía gubernamental, estos nuevos bonos tampoco suman al umbral requerido para un ajuste al alza en la calificación.
Otro foco de preocupación para la agencia es la creciente deuda con proveedores. El impago ha provocado que múltiples contratistas suspendan operaciones por falta de capital de trabajo y acceso a crédito bancario, lo que ya deriva en un deterioro operativo: menor disponibilidad de equipos y servicios, posible atraso en proyectos clave y mayor riesgo de que Pemex tenga que recurrir después a contratos más caros para sustituir servicios interrumpidos.
Fitch observa además una tendencia a la baja en la producción de crudo, con niveles preliminares por debajo de 1.6 millones de barriles diarios. Esta menor extracción presiona el EBITDA y debilita métricas de generación de caja y apalancamiento, aun cuando parte de la caída en exportaciones responde a la decisión de destinar más barriles a la refinación doméstica. La agencia considera que 2026 será un año bisagra para Pemex, dependiendo de cómo se implemente la reforma energética y los nuevos esquemas de contratos mixtos y asociaciones con el sector privado.





