Pemex reportó utilidad en cuarto trimestre pese a menores ingresos: el cambio provino de menor costo financiero, utilidad cambiaria, derivados favorables y reducción del DUC.
Durante el cuarto trimestre de 2025, Petróleos Mexicanos reportó un desempeño financiero que contrasta con el tono operativo del año: la empresa logró un resultado neto favorable en comparación con el mismo periodo del año anterior, pero el motor principal no estuvo en una expansión de ingresos por ventas, sino en una combinación de efectos financieros y fiscales que cambiaron el balance del periodo.
En el reporte trimestral, Pemex registra una utilidad neta de 102,515 millones de pesos en 4T25, frente a una pérdida de 190,471 millones en cuarto trimestre del 2024. El giro es contundente en el papel y reposiciona la narrativa del trimestre, pero el detalle del documento muestra que el salto no se explica por un mejor desempeño comercial, sino por una reducción del costo financiero y un cambio en la carga fiscal asociada a derechos e impuestos.
En el mismo periodo, los ingresos totales de Pemex descendieron a 426,832 millones de pesos, una caída anual de 2.6%. La empresa atribuye el retroceso a menores exportaciones, en un entorno donde el mercado internacional fue menos favorable y la mezcla exportable enfrentó presiones por precio y volumen. En otras palabras: Pemex cerró el trimestre con ingresos ligeramente más bajos, pero con un resultado final muy distinto gracias a variables que se mueven más en el tablero de las finanzas que en el de la operación cotidiana.
El principal cambio aparece en el costo financiero. En cuarto trimestre del 2025, el rubro se ubicó en 20,268 millones de pesos, muy por debajo de los 132,332 millones reportados un año antes. En esa reducción pesa, de manera explícita, el efecto del tipo de cambio y el comportamiento de instrumentos financieros. El informe señala una utilidad cambiaria de 66,032 millones de pesos en el trimestre, un dato que adquiere relevancia porque en cuarto trimestre del 2024 Pemex había enfrentado el efecto contrario, con pérdidas por movimientos cambiarios. A ello se suma el renglón de rendimiento por derivados, con 36,695 millones de pesos en cuarto trimestre del 2025, frente a una pérdida de 11,118 millones en el mismo trimestre del año previo. El mensaje que deja el desglose es claro: una parte sustantiva del “rebote” provino de la fotografía financiera del trimestre, no de un aumento de ventas o de una expansión directa de márgenes comerciales.
La otra palanca es fiscal. Pemex reporta que los impuestos y derechos pagados bajaron de manera significativa. En cuarto trimestre del 2025 ese componente se ubicó en 78,493 millones de pesos, por debajo de los 116,213 millones del cuarto trimestre de 2024. La empresa explica que el movimiento obedece principalmente a la reducción de la tasa del Derecho por la Utilidad Compartida (DUC), uno de los factores más sensibles para su flujo de efectivo y para la lectura del desempeño trimestral. La menor carga fiscal no solo alivia la caja en el corto plazo: también tiene un impacto directo en el resultado neto, especialmente en un trimestre en el que los ingresos no crecieron.
Con estos dos vectores —finanzas y fisco— el estado de resultados se reacomoda. Pemex cerró el 4T25 con una utilidad antes de impuestos de 185,005 millones de pesos, frente a una pérdida de 159,460 millones un año antes. El salto en esta línea resume la combinación de efectos: una empresa con ingresos a la baja y presiones operativas en distintos frentes, pero con un trimestre favorecido por la contención del costo financiero y una menor mordida fiscal.
El reporte también ofrece pistas de por qué este tipo de mejora suele ser leída con cautela por analistas y actores del sector: las variables que explican el cambio no necesariamente se repiten con la misma intensidad cada trimestre. El tipo de cambio puede jugar a favor o en contra, los derivados pueden registrar rendimientos positivos o pérdidas, y los ajustes fiscales responden a decisiones de política pública que pueden cambiar según objetivos macro, petroleros o presupuestales. En ese contexto, el trimestre se convierte en un caso de estudio sobre cómo el desempeño de Pemex depende tanto de su operación como de los mecanismos financieros y fiscales que la rodean.
La narrativa del último trimestre del año pasado, por tanto, no es la de una petrolera que “vendió más” o que “mejoró su negocio” en el sentido clásico, sino la de una empresa que atravesó el cierre del año con una recomposición del tablero financiero y fiscal. El dato central es que la utilidad neta regresó, pero lo hizo empujada por renglones que suelen estar fuera de la discusión cotidiana de producción, exportaciones o refinación: el costo financiero, el tipo de cambio, los derivados y la carga de derechos.
Esa diferencia importa porque define el tipo de lectura que se hace del trimestre: una cosa es reportar una mejora por expansión de ingresos y márgenes, y otra muy distinta es mejorar por un trimestre con viento a favor en variables financieras y con un menor peso fiscal. El reporte de Pemex deja ese contraste a la vista: ingresos ligeramente a la baja, y una utilidad neta que cambia el signo del resultado gracias a la combinación de tipo de cambio, derivados y reducción de derechos.










