Los asaltos a plataformas de Pemex se dispararon, 49 en 2024 y 135 en 2025. El daño directo suma 261 mdp, más paros y costos defensivos.
Los ataques de “piratas” a plataformas marinas de Pemex dejaron de ser anécdota para convertirse en un patrón operativo con impacto económico medible. Lo preocupante ya no es solo el asalto espectacular que llega a los titulares —hombres armados, disparos al aire, personal resguardado en cuartos de máquinas— sino la frecuencia: la repetición convierte cada intrusión en una fuga permanente de recursos, productividad y confianza.
De acuerdo con información reportada a partir de solicitudes de transparencia y recuentos periodísticos, Pemex pasó de 49 incursiones (ingresos de personas ajenas a instalaciones marinas) en 2024 a 135 en 2025: casi el triple en un solo año.
Además, el acumulado 2020–2025 asciende a 266 incursiones, una cifra que confirma que no se trata de eventos aislados, sino de una tendencia sostenida que escala con el tiempo.
Y 2026 arrancó con señales de continuidad. El 8 de febrero se reportó el asalto a Abkatún Alfa y Abkatún Delta, con robo de equipo especializado (incluidos equipos de respiración autónoma), pese a vigilancia naval en la zona. Días después, Pemex confirmó otro episodio en Zaap-D dentro del activo Ku-Maloob-Zaap, reforzando la idea de que el problema no se está conteniendo.
En términos estrictamente contables, el impacto ya es relevante. Reportes basados en información de Pemex indican que, en los últimos seis años, las pérdidas por robo de equipos y materiales en plataformas marinas suman 261 millones de pesos.
Lo más inquietante es el cambio de pendiente:
- 2022 habría sido el año de mayor daño económico, con 108.6 millones de pesos.
- En 2023 y 2024 las pérdidas bajaron a 7.4 y 5.3 millones, respectivamente.
- Pero 2025 revirtió la tendencia con un salto a 75.1 millones de pesos, en paralelo al salto de frecuencia a 135 incursiones.
Hasta ahí, hablamos de pérdidas directas por sustracción de equipos: radios, herramientas, piezas y, de forma llamativa, Equipos de Respiración Autónoma (ERA), que se han convertido en “botín preferido” según crónicas locales.
Pero el daño fuerte normalmente está en el costo que no aparece como “robo” en un desglose simple:
- Paros operativos y productividad perdida Cuando una plataforma sufre un abordaje, la prioridad inmediata es proteger al personal, activar protocolos y asegurar la instalación. Eso implica interrupciones, reprogramación de actividades y, en algunos casos, demoras en mantenimiento o logística crítica. Incluso si el incidente dura “horas”, el efecto en una operación offshore puede extenderse días por revisiones y reposición.
- Riesgo de seguridad industrial El robo de equipos como los ERA no es trivial: son parte de la respuesta ante emergencias (incendios, fugas, rescates). Su ausencia puede obligar a restringir actividades o elevar el nivel de riesgo aceptado. Ese riesgo se traduce en mayor probabilidad de incidentes, auditorías más duras y exigencias de control.
- Costo de vigilancia y reacción Cada vez que se normaliza el asalto, Pemex y el Estado se ven empujados a gastar más en patrullaje, drones, escoltas, protocolos y despliegues reactivos. Aun con vigilancia de Semar, los asaltos continúan. Ese “gasto defensivo” compite directamente contra CAPEX productivo y mantenimiento.
- Impacto reputacional y de financiamiento Pemex ya carga con presión financiera estructural. Un entorno donde las plataformas son vulnerables a intrusiones recurrentes agrega una capa de “riesgo país operativo” que no ayuda: puede encarecer seguros, aumentar exigencias de proveedores y elevar la percepción de riesgo en proyectos costa afuera.
Por qué el número de ataques importa más que el monto robado
Doscientos sesenta y un millones de pesos en seis años no quiebran por sí solos a una empresa del tamaño de Pemex. El problema es otro: la frecuencia. Cuando los ataques pasan de esporádicos a repetitivos —135 en un año—, el fenómeno se vuelve “parte del sistema” y empieza a pegar donde más duele:
- Disponibilidad de activos (downtime y reprogramaciones)
- Confiabilidad de la cadena de suministro offshore
- Seguridad del personal (tensión, rotación, ausentismo, crisis nerviosas)
- Costo de operación (OPEX defensivo creciente)
El robo directo es la punta del iceberg. El costo real está en la suma de micro-impactos que, acumulados, restan eficiencia justo en el corazón productivo de Pemex: la Sonda de Campeche y áreas estratégicas del Golfo.
Pemex necesita cada peso para inversión, mantenimiento y pagos a proveedores. En ese contexto, que los abordajes ilegales se disparen de 49 a 135 en un año no solo es un problema de seguridad: es un problema de competitividad y flujo. Mientras la piratería siga operando como “impuesto en altamar”, la empresa seguirá pagando una factura que no genera un solo barril adicional.








