Las autopartes pueden estar sujetas hasta tres gravámenes diferentes a lo largo de su proceso productivo entre México y Estados Unidos, con incrementos de más del 100%, lo que afecta la competitividad.
La imposición de aranceles por parte de Estados Unidos al sector automotriz desde mayo del año pasado, incluidos automóviles y autopartes, ha encendido alertas en la industria mexicana; especialistas advierten que han deteriorado la industria y tensionarán la revisión del T-MEC.
Para los líderes de la industria, estos aranceles no son un fenómeno temporal, sino una estrategia que complica seriamente la integración manufacturera regional.
De acuerdo con Marek Meister, presidente del Clúster Automotriz de San Luis Potosí, esto ha restado competitividad a México, pues asegura que los aranceles no son una amenaza pasajera, sino parte de la estrategia comercial de Estados Unidos, la cual ha impactado los costos de producción que además han afectado las decisiones de inversión en el sector.
En este contexto una misma autoparte puede estar sujeta a hasta tres gravámenes diferentes a lo largo de su proceso productivo entre México y Estados Unidos, con incrementos que en conjunto superan el 100%, lo que afecta la competitividad y márgenes de los fabricantes.
Bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, el gobierno estadounidense aplicó un arancel del 25% sobre la importación de vehículos desde el 3 de abril de 2025, así como sobre autopartes desde el 3 de mayo de 2025.
Visión de asociaciones clave
Rogelio Garza, presidente ejecutivo de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), señaló que 2026 será un año de cautela para el sector, especialmente en la primera mitad del año, y que el desempeño del mercado dependerá directamente de cómo avance la revisión del T-MEC.
“Vamos a llegar a un acuerdo; va a ser ríspido todo, pero vamos a llegar a un acuerdo”, dijo Garza.
Lo anterior, evidencia que la industria espera que las negociaciones con sus contrapartes serán intensas sobre todo en lo que se refiere a las reglas de origen, aranceles 232 y condiciones de libre comercio que son esenciales para una industria integrada norteamericana.
Francisco González Díaz, presidente ejecutivo de la Industria Nacional de Autopartes (INA), reconoció que el sector es “robusto y resiliente”, pero agregó que la falta de certezas limita su capacidad para consolidarse como un motor de la economía mexicana. “Mientras no tengamos certeza no sabremos hacia dónde movernos”, enfatizó, al destacar la importancia de marcos regulatorios estables.
Efectos macroeconómicos y del mercado
Por su parte, Gabriela Siller, directora de análisis económico de Banco Base, advirtió que el sector automotriz en México atraviesa una fase de deterioro marcada no solo por los aranceles, sino también por la caída de ventas y el riesgo de pérdida de empleos si persisten las tensiones comerciales.
También destacó que los aranceles han reducido la demanda de autopartes y vehículos nuevos en Estados Unidos, lo que afecta directamente a las exportaciones mexicanas y podría extenderse más allá de la primera mitad del próximo año si no se alcanzan acuerdos comerciales.
El desafío del T-MEC en 2026
La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá es el telón de fondo para estas tensiones comerciales. El T-MEC, piedra angular de la integración económica regional, está programado para evaluarse en 2026 y será el espacio donde México y sus socios debatan aspectos clave como reglas de origen, tratamientos arancelarios y mecanismos de resolución de disputas para evitar que las medidas proteccionistas fragmenten las cadenas de suministro.
El reto que enfrentan las autoridades y la industria es grande: equilibrar la defensa de la competitividad mexicana con la necesidad de mantener un comercio fluido y mutuamente beneficioso con el principal socio comercial del país, particularmente en un momento marcado por la reconfiguración de cadenas globales y tensiones geoeconómicas.





