Al interior de Pemex anticipan la salida de Ángel Cid de PEP y el relevo por Octavio Barrera. Los primeros 5 “contratos mixtos” quedaron en manos de jugadores pequeños.
La pieza que faltaba para explicar la nueva etapa de Petróleos Mexicanos empieza a moverse: Ángel Cid Munguía dejaría en los próximos días la dirección de Pemex Exploración y Producción (PEP), según tres fuentes citadas por Reuters, en una decisión que llega en el pico de la discusión por la plataforma de crudo y el despliegue de los “contratos mixtos” con privados. Las mismas fuentes colocan a Octavio Barrera Torres —hoy subdirector de Diseño, Ingeniería y Ejecución de Proyectos— como el favorito para reemplazarlo. El telón de fondo es conocido: una producción de alrededor de 1.6 millones de barriles diarios, lejos de la aspiración gubernamental de 1.8 millones de barriles diarios hacia 2030, y un endeudamiento total por encima de 100 mil millones de dólares que condiciona inversiones y tiempos.
El dato político coincide con otro movimiento que dejó lecciones incómodas. De los primeros cinco “contratos mixtos” de once previstos —la nueva figura de asociación que Pemex presentó para sumar inversión, riesgo y tecnología—, ninguno atrajo a las grandes petroleras internacionales. De acuerdo con documentación revisada por Reuters, las adjudicaciones fueron para jugadores locales y de menor escala, con bonos de firma por 50 millones de dólares y participación de Pemex entre 40% y 85%. En el mejor escenario, estos cinco proyectos aportarían aproximadamente 70 mil barriles diarios en el corto plazo, una fracción de los 450 mil barriles diarios adicionales que el plan oficial prevé hacia 2033. El contraste alimenta el debate: si los contratos no seducen a compañías con músculo financiero y técnico, el efecto acelerador podría diluirse.
El relevo en PEP se leerá también desde la óptica de los activos ancla. Campos en declinación estructural, como los maduros del sureste, conviven con proyectos que exigen sincronía y certezas, como Zama y Trion. En paralelo, la empresa ha intentado compensar baches con reaperturas selectivas de pozos y con ajustes de capex que posponen adquisiciones sísmicas o trabajos de intervención, tácticas que oxigenan caja en el trimestre pero no corrigen la tendencia de fondo. Un cambio de mando en PEP suele venir acompañado de reordenamientos de portafolio, metas de factor de recobro y nuevas prioridades para servicios especializados, y esta vez la vara estará más alta por la necesidad urgente de eficiencia operativa.
La cronología importa. La noticia de los contratos —que se firmarían el 19 de diciembre— y la inminente salida en PEP suceden con un Pemex que, pese a apoyos fiscales extraordinarios, no logra quebrar la inercia: la adjudicación con empresas pequeñas, el apetito tímido de capital y la pesada finanza corporativa marcan límites al optimismo. Si Octavio Barrera efectivamente toma el control, tendrá que demostrar que la curva de aprendizaje de los mixtos está viva y que PEP puede reordenar prioridades técnicas para extraer barriles marginales al menor costo posible. De esa ejecución dependerá que el objetivo de 1.8 mdbd sea trayectoria y no solo slogan.
Hacia 2026, el mercado observará tres señales: la calidad de las decisiones de inversión en PEP (desde pozos y facilidades hasta integridad de ductos), la capacidad de los nuevos contratistas para cumplir hitos en campo y la consistencia de la plataforma trimestral. Con barriles más difíciles y capital caro, el liderazgo operativo será tan determinante como el diseño contractual. En Pemex, el verdadero parteaguas no está en los nombramientos, sino en las curvas de producción por activo y en la seguridad con que PEP ejecute cada proyecto. Si el cambio de mando sirve para imprimir foco técnico y disciplina financiera, el 2026 podría empezar a lucir distinto; si no, los números volverán a dictar la narrativa.








