El crecimiento industrial mexicano choca con su talón de Aquiles: la falta de electricidad. Fábricas frenadas, inversiones retrasadas y un nearshoring en riesgo.
México está viviendo un momento contradictorio: mientras la manufactura crece y el nearshoring genera una avalancha de inversiones, el sistema eléctrico nacional se acerca a su límite técnico. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) reconoció que enfrenta dificultades para cubrir la demanda industrial en polos estratégicos como Nuevo León, Guanajuato, Querétaro, Coahuila, Yucatán y Chihuahua, donde nuevos parques industriales y centros de datos presionan la red más allá de su capacidad.
El Plan Quinquenal de Infraestructura Eléctrica 2025-2030 estima que el país deberá agregar al menos 2,500 MW adicionales solo para cubrir la demanda del nearshoring y los nuevos proyectos de manufactura avanzada. “El desafío no es político, es físico: necesitamos más líneas, más subestaciones y más generación confiable”, advirtió Guillermo Arizmendi, director de Planeación de la CFE.
Empresas industriales ya comienzan a resentir la situación. En el corredor industrial de Querétaro, fábricas de autopartes y plásticos reportaron apagones intermitentes, mientras en el Bajío se multiplican los avisos de baja tensión eléctrica que afectan líneas de producción automatizadas. “No es que falte energía siempre, es que el sistema no puede garantizar continuidad y voltaje estable”, comenta Javier Lozano, gerente de planta de una maquiladora en Apaseo el Grande.
La preocupación se extiende a los inversionistas extranjeros. La Asociación Mexicana de Parques Industriales (AMPIP) calcula que más de 80 proyectos de instalación o ampliación están detenidos por falta de infraestructura eléctrica. En estados como Yucatán o Coahuila, se han registrado demoras de hasta 12 meses para nuevas conexiones de alta tensión.
Para los analistas, el problema es estructural. “México no puede venderse como el destino ideal del nearshoring sin asegurar energía confiable, limpia y continua”, afirma Rogelio Jiménez, consultor en infraestructura energética. “Hoy la industria está compitiendo por electricidad con el sector residencial y con las propias limitaciones de transmisión”.
El gobierno ha respondido con anuncios de nuevas centrales combinadas, líneas de transmisión y proyectos solares, pero la velocidad de ejecución es limitada. Además, la transición energética se enfrenta a la paradoja de un sistema aún dependiente del gas natural y con un lento crecimiento de las renovables.
Mientras tanto, la incertidumbre se traduce en costos: cada hora sin electricidad en una planta de manufactura avanzada puede representar pérdidas superiores a 100,000 pesos, sin contar los daños a maquinaria o desperdicio de material.
Las cámaras industriales ya han solicitado un “Plan de Energía para la Industria”, que permita priorizar a parques industriales en la asignación de energía y facilite la autogeneración con renovables. En Nuevo León y Chihuahua, algunas compañías ya instalan microredes solares y baterías industriales para evitar paros no programados.
El nearshoring puso a México en el mapa, pero su talón de Aquiles es claro: sin energía suficiente, la ola manufacturera puede frenarse antes de consolidarse.








