SENER prevé que el 96% de la nueva capacidad privada 2025–2030 sea solar y eólica, con almacenamiento creciente; meta de generación limpia: 38% para 2030.
El trazo del próximo sexenio energético ya tiene un color dominante: el verde. De acuerdo con proyecciones difundidas esta semana, la Secretaría de Energía (SENER) estima que el 96% de las adiciones de capacidad que desarrollará la iniciativa privada entre 2025 y 2030 serán de fuentes renovables de carácter intermitente, principalmente solar fotovoltaica y eólica. La hoja de ruta también eleva la meta de generación limpia a 38% en 2030, una combinación de inversión pública y privada que incorpora almacenamiento como pieza estructural del nuevo sistema eléctrico.
El cálculo descansa en un rango de 6,400 a 9,550 MW de nueva capacidad, con el 96% asignado a renovables. En otras palabras: la expansión eléctrica de los privados se concentrará casi totalmente en parques solares y eólicos, mientras el almacenamiento emerge de apoyo para suavizar picos, desplazar energía a la noche y prestar servicios complementarios. Esa lectura aparece tanto en coberturas de especialidad como en análisis que citan directamente el programa sectorial en preparación.
¿Qué cambia con este viraje? Primero, el perfil de riesgo de los proyectos: ya no basta con irradiación o viento; se requieren nodos con capacidad de red, curvas horarias competitivas y, cada vez más, BESS (baterías) que aseguren entrega en horas de alto costo marginal. Segundo, la geografía de la inversión: estados del noroeste y norte con irradiación y suelo disponibles, junto con corredores del Bajío–Noreste (por demanda industrial), lucen como ganadores naturales. Tercero, el financiamiento: los bancos y fondos leen el almacenamiento como activo “ancla” para mitigar la intermitencia y mejorar el cash flow.
El giro de la inversión no ocurre en vacío. El Reglamento de la Ley del Sector Eléctrico (publicado el 3 de octubre y vigente desde el día siguiente) reorganiza planeación y permisos; los desarrolladores deberán alinear estudios de interconexión, tiempos de construcción y pruebas con un plan quinquenal que prioriza transmisión para aliviar cuellos y evacuar renovables. La coordinación SENER–CENACE será determinante para que los MW verdes no se queden “atorados” por falta de capacidad de red. (Contexto reglamentario en análisis especializados).
Almacenamiento, la bisagra del cambio. Si el 96% de la nueva capacidad privada es intermitente, la discusión natural es cuánta batería se necesita para convertir ese parque en energía útil para la noche o para estabilizar la red ante contingencias. El propio discurso oficial y la prensa sectorial insisten en que el storage será parte del “nuevo normal”. La práctica de mercados avanzados sugiere 2–4 horas como ventana típica para arbitraje horario y servicios al sistema; México avanza en esa dirección con proyectos ancla en el noroeste y norte, mientras se prepara la infraestructura de transmisión que soporte mayores flujos.
Las preguntas duras del lector inversor
- Capex y TIR: inflación de equipos bajando vs. logística todavía volátil; el tipo de cambio seguirá pesando.
- Nodos “ganadores”: interconexiones disponibles, pérdidas menores y cercanía a cargas industriales mejoran bancabilidad.
- Marco comercial: PPAs privados siguen siendo la herramienta clave para bancar proyectos; el timing regulatorio definirá ventanas.
El mensaje político–técnico es inequívoco: la expansión eléctrica privada será mayoritariamente renovable y el almacenamiento dejará de ser experimento para convertirse en activo crítico. Si la transmisión se ejecuta al ritmo anunciado y la planeación mantiene certidumbre, 2030 podría ver un mix con más energía limpia y costos marginales más competitivos en las horas de mayor consumo.





