La histórica planta Wrangler en Torreón cerró tras 25 años. Más de 3,000 despidos revelan el declive de la maquila textil frente al nearshoring.
Bajo el sol inclemente de Torreón, cientos de trabajadores abandonaron por última vez la fábrica de mezclilla Wrangler. El silencio de las máquinas fue reemplazado por el crujir de cajas con pertenencias, finiquitos entregados y abrazos resignados. La marca del viejo oeste estadounidense decidió cerrar definitivamente sus operaciones en México tras 25 años de historia, dejando sin empleo a cerca de 3,000 personas en Coahuila.
El caso Wrangler —cuatro plantas cerradas en Torreón, San Pedro, Coyote y La Rosita— es más que un ajuste empresarial. Es una radiografía del momento crítico que vive la industria textil mexicana, atrapada entre el aumento del salario mínimo, la automatización global, el traslado de operaciones a Asia y la presión por producir bienes de mayor valor agregado.
Según los propios reportes trimestrales de Kontoor Brands, conglomerado dueño de Wrangler, la guerra comercial entre Estados Unidos y China ha encarecido insumos, pero las exportaciones desde México seguían exentas de tarifas gracias al TMEC. El cierre, entonces, no responde a barreras comerciales, sino a una lógica de costo-beneficio en una nueva etapa de la globalización.
Uno de los factores más citados es el aumento histórico del salario mínimo en México: 135 % de incremento entre 2018 y 2025. Impulsado por la reforma laboral tras el TMEC y las políticas redistributivas de AMLO y Sheinbaum, el alza mejoró el poder adquisitivo, pero también hizo que algunas operaciones de bajo margen perdieran viabilidad.
El cierre no solo afecta empleos. Rompe una cadena productiva que incluía proveedores locales, transporte, mantenimiento, comida y servicios. También marca el fin de una era: aquella donde México vendía su mano de obra barata como principal ventaja competitiva. Hoy, el discurso gira hacia el nearshoring, automatización, talento técnico y alto valor agregado. Pero muchos territorios aún no están listos.
La incertidumbre por la revisión del TMEC en 2026 también empuja a muchas multinacionales a “recalibrar” sus operaciones. El riesgo de un entorno más proteccionista o un regreso de Trump hace que decisiones como la de Wrangler sean anticipadas, buscando estabilidad en otras geografías.
La historia de Wrangler refleja un giro estructural: el modelo de maquila intensiva en mano de obra barata está muriendo. Su lugar será ocupado por manufactura automatizada, líneas con mayor tecnología o empresas que busquen ubicación estratégica más que solo bajos sueldos.
La pregunta es: ¿qué pasará con ciudades como Torreón, cuya infraestructura y población dependían de esa lógica? El reto para el Estado mexicano será transformar estas regiones en polos de valor, innovación y talento, no solo en lugares con naves industriales vacías y nostalgia textil.





