El mercado energético mexicano sufre un freno por factores climáticos, mantenimiento e incertidumbre global. Wood Mackenzie advierte posible volatilidad en la demanda de gas.
Las expectativas de un crecimiento robusto en el mercado mexicano de gas y electricidad, tanto estacional como estructural, se han enfriado significativamente en los últimos meses. De acuerdo con el reporte “Mexican gas and power market loses steam: Is a rebound in sight?” publicado por Wood Mackenzie, la combinación de factores climáticos, interrupciones en infraestructura y presiones globales ha debilitado la dinámica de crecimiento en el sector.
Uno de los principales elementos detrás de esta desaceleración ha sido el clima, particularmente la temporada de lluvias, que ha tenido un impacto doble. Por un lado, ha reducido la necesidad de generación eléctrica para enfriamiento debido a temperaturas más suaves; por otro, ha aumentado la disponibilidad de energía hidroeléctrica al recargar embalses, desplazando a la generación basada en ciclos combinados y turbogas.
“Hay varios factores que contribuyen a esta caída a corto plazo en los flujos, impulsada por una combinación de efectos climáticos estacionales y cambios en la dinámica de la oferta y la demanda”, explicó Ricardo Falcón, Research Manager de Wood Mackenzie.
El reporte también subraya que México enfrenta tendencias de calentamiento más aceleradas que los promedios globales, lo que lo hace especialmente vulnerable a fenómenos climáticos extremos. Aunque la temporada de lluvias ha proporcionado alivio momentáneo, la canícula, con su ola de calor extrema, podría revertir la situación rápidamente.
A estos factores se suma el mantenimiento programado en infraestructura clave, como la terminal de licuefacción marítima Altamira FLNG1, que ha tenido que parar operaciones varias veces, provocando una caída a cero en la demanda de gas de alimentación en múltiples ocasiones. Esto, a su vez, ha afectado el flujo de exportaciones por gasoducto desde el sur de Texas, impactando la cadena de suministro binacional.
Por otro lado, la producción nacional de gas seco ha crecido 2% en los últimos dos meses, lo que ha generado mayor competencia entre el gas mexicano y las importaciones estadounidenses. Esta recuperación viene después de una caída del 10% en mayo por problemas de calidad del gas y otros contratiempos. No obstante, persisten riesgos de volatilidad que podrían ocasionar una nueva caída en la producción.
Desde una perspectiva de largo plazo, la puesta en marcha de nuevas plantas de ciclo combinado y las adiciones incrementales de capacidad de generación eléctrica están sentando las bases para una mayor demanda estructural de gas. Sin embargo, el impacto será paulatino, ya que dependerá del avance de estos proyectos y la preparación de la infraestructura para absorber esa demanda adicional.
Finalmente, los factores globales también están generando incertidumbre. Las nuevas medidas comerciales del gobierno de Donald Trump, incluyendo aranceles a socios estratégicos como México, ya están perturbando los flujos de inversión, manufactura y comercio entre ambos países. Esta situación añade una capa de dificultad para proyectar el comportamiento del mercado energético en el corto y mediano plazo.
“Para México, los efectos son inmediatos. Las medidas están debilitando los principales motores de la industria manufacturera, la inversión y la producción industrial”, advirtió Rodrigo Rosas, analista senior de Wood Mackenzie.
En conjunto, el sector energético mexicano enfrenta una coyuntura compleja marcada por variabilidad estacional, retos estructurales y presiones geopolíticas, lo que obliga a replantear estrategias de inversión y planeación tanto para actores públicos como privados.








