Las tensiones comerciales con EE.UU. y el desinterés por el TMEC obligan a México a redefinir su política exterior. Ante aranceles, déficits y señales de ruptura, es momento de dejar atrás la retórica y construir acuerdos bilaterales sólidos.
En más de una ocasión, hemos visto a funcionarios de la Secretaría de Economía de México viajar a Estados Unidos para renegociar términos comerciales. Sin embargo, cada vez que se sientan a la mesa, surgen cambios sustanciales que hacen obsoletos los planes de negocio y las condiciones previamente acordadas.
La más reciente carta del expresidente Donald Trump, enviada el 11 de julio, plantea un incremento del 30 % en los aranceles a todos los productos importados desde México. El mensaje es claro: “No me interesa el TMEC”. Esta postura marca un punto de inflexión. Lo que antes se consideraba el peor escenario, hoy podría verse como el menos malo: no tener el TMEC.
Esta nueva realidad obliga a México a replantear su estrategia comercial, no con base en la nostalgia de tratados anteriores, sino en lo que el país realmente puede ofrecer al mundo. Se trata de pensar en el presente y en el futuro, no en el pasado.
Decálogo comercial para una nueva relación con EE.UU.
- Estados Unidos no quiere al TMEC. Considera que las condiciones actuales no son adecuadas, especialmente con México.
- México representa una dificultad comercial para EE.UU. Debido a políticas arancelarias y no arancelarias, además de barreras regulatorias que han generado un déficit negativo para la economía estadounidense.
- El déficit comercial es insostenible. En 2025, el déficit con México ronda los 114 mil millones de dólares. EE.UU. importa dos veces más de lo que exporta a nuestro país.
- Incumplimientos en reglas de origen. Productos como acero, aluminio y cobre, que vienen de China, ingresan vía México. El país importa 14 veces más de lo que exporta al gigante asiático.
- Discurso diplomático vs. realidad. Aunque EE.UU. afirma querer mantener la relación comercial, lo hace mientras construye condiciones para acuerdos bilaterales más favorables para ellos.
- Apuesta por la inversión directa. EE.UU. ha optado por políticas públicas flexibles para atraer inversiones: trámites más ágiles, condiciones fiscales competitivas y seguridad jurídica.
- El mayor mercado de consumo del mundo. Con un gasto per cápita de $48 mil USD anuales y poder adquisitivo de $76 mil USD, todos los países quieren vender a EE.UU.
- México depende de EE.UU. para exportar. El 83 % de las exportaciones mexicanas van al norte, en su mayoría manufactura automotriz sin propiedad intelectual mexicana.
- EE.UU. no necesita a México. Puede ofrecer mejores condiciones a empresas, recaudar más con aranceles, y mantener la inflación bajo control.
- Riesgos de invertir en México. Inseguridad en el transporte, cambios constitucionales en el sector energético y judicial, y expropiaciones recientes (como el caso de la planta de hidrógeno de Pemex) generan desconfianza.
México debe abandonar la ilusión de que el TMEC es suficiente. Nuestra dependencia energética, tecnológica y logística con EE.UU. nos coloca en una posición de vulnerabilidad. El camino, aunque difícil, es claro: negociar acuerdos bilaterales realistas, transparentes y sostenibles.
No se trata de rendirse, sino de sobrevivir. Y para eso, se necesita más estrategia y menos discurso.








