Eugenio Grandio, presidente de EMA Electromovilidad Asociación México, analiza el estado actual de la movilidad eléctrica en el país. Desde políticas públicas hasta costos reales de uso, destaca avances, obstáculos y el rol crucial del gobierno, industria y ciudadanía.
El mundo avanza hacia un futuro energético más limpio y sustentable, y la electromovilidad es uno de los pilares clave de esa transición. En entrevista con Panorama Energético, Eugenio Grandio, presidente de EMA Electromovilidad Asociación México, ofrece una radiografía detallada del panorama actual de los vehículos eléctricos en el país: avances, barreras y qué se necesita para que México acelere su paso en esta carrera global.
“Ver un coche eléctrico en la calle era un evento. Hoy, ves decenas en cada recorrido”, afirma Grandio al describir cómo ha cambiado la escena urbana en ciudades como Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey. Sin embargo, aclara que el país aún va rezagado en comparación con otras naciones: mientras que Noruega supera el 90% de adopción, Costa Rica llega al 20% y Brasil al 3.6%, México apenas roza el 3%.
El crecimiento es innegable, pero insuficiente si se pretende cumplir con las metas climáticas. “Vamos tomando ritmo, pero necesitamos ir más rápido”, advierte.
Para Grandio, la transición hacia la electromovilidad requiere de una colaboración tripartita entre consumidores, gobiernos e iniciativa privada. Y lo más importante: hacerlo no para vender más autos, sino para mejorar la calidad del aire y reducir los impactos en la salud pública.
“La movilidad eléctrica es una herramienta para combatir contingencias ambientales. No deberíamos tardar en adoptarla cuando la tecnología ya está aquí y es accesible”, comenta.
En este sentido, el papel del gobierno es fundamental: desde crear políticas públicas efectivas, hasta ajustar los incentivos existentes. Aunque ya existen beneficios como la exención de tenencia, placas verdes o no verificación vehicular, es necesario afinar criterios. Por ejemplo, Grandio propone que solo autos 100% eléctricos reciban estas placas, excluyendo híbridos de baja autonomía.
Otro punto esencial es la infraestructura de carga. Si bien instalar un cargador residencial cuesta entre 10 y 15 mil pesos —una cifra menor a lo que muchos imaginan—, la situación cambia en edificios multifamiliares o desarrollos verticales. “No se pueden instalar 200 cargadores individuales, hay que pensar en carga compartida o rápida, adaptar los reglamentos de construcción y garantizar el derecho a la carga como ya ocurre en Europa”, sugiere Grandio.
Además, centros comerciales, estacionamientos y estaciones de servicio tradicionales deben adaptarse a esta nueva realidad. Para muchos gasolineros, ya es una oportunidad de negocio incluir puntos de recarga eléctrica junto con gasolina y diésel, aprovechando la infraestructura ya instalada.
Grandio desmitifica uno de los miedos más comunes: el costo energético. “El ahorro en combustible es de alrededor del 70%. Lo que gastas en gasolina al mes —unos 4,000 o 5,000 pesos— lo puedes reducir a 700 u 800 pesos en electricidad”, asegura.
Además, la CFE permite tener un medidor independiente para el consumo del cargador, lo que evita que se dispare la tarifa del hogar. Incluso, instalar paneles solares permite alimentar el vehículo sin costo adicional. “Ya hay familias en México que no pagan gasolina ni electricidad, porque cargan sus autos con energía solar”, comenta.
La electromovilidad no es solo una apuesta individual. Para las empresas con flotillas o centros de distribución, los ahorros también son significativos. Y hay incentivos fiscales poco conocidos, como la depreciación acelerada para vehículos eléctricos o híbridos y un crédito del 30% en ISR por instalación de estaciones de carga públicas.
Estos incentivos, según Grandio, deben actualizarse y promoverse más activamente para facilitar la inversión privada y acelerar el despliegue de infraestructura. “Si se acortan los plazos de retorno de inversión, más empresas se van a sumar”, afirma.
¿Hacia dónde debe ir el país?
México ya cuenta con una Ley de Cambio Climático y ha suscrito compromisos internacionales para reducir emisiones. El objetivo es alcanzar el 100% de vehículos eléctricos hacia 2035, pero aún falta una estrategia integral de implementación. “Se presentó una Estrategia Nacional de Movilidad Eléctrica, pero nunca se publicó oficialmente. La nueva administración tiene la oportunidad de retomarla”, comenta Grandio.
Entre sus prioridades, destaca:
• Actualizar normativas de construcción para facilitar cargadores.
• Estandarizar incentivos fiscales y operativo
• Aumentar la infraestructura de carga rápida.
• Impulsar transporte público eléctrico y movilidad de última milla.
Uno de los grandes miedos del consumidor es la autonomía. Pero ese temor ya no está justificado. “Hoy existen más de 99 modelos en México, muchos con autonomía de 500 o 600 kilómetros. Ir de la Ciudad de México a Acapulco o Querétaro no es ningún problema”, dice Grandio.
Además, la infraestructura de carga mejora cada mes y la tecnología ya permite recargas en solo 10 a 15 minutos, lo que cambia completamente la experiencia de viaje.
Para Eugenio Grandio y la EMA, la transición energética no es una utopía: es una oportunidad real, urgente y alcanzable. Solo se necesita decisión política, apoyo ciudadano y visión empresarial.
“El coche eléctrico ya no es cosa del futuro. Está aquí, es viable, y es parte de la solución para tener un aire más limpio y ciudades más sanas”, concluye.








