Trump evalúa restringir las exportaciones de diésel; México aún depende del combustible importado y enfrenta limitaciones logísticas.
Una eventual restricción de Estados Unidos a sus exportaciones de diésel pondría a prueba la seguridad energética de México y podría obligar al país a buscar combustible más caro en otros mercados, en momentos en que las refinerías nacionales tienen poco margen para incrementar rápidamente su producción.
Gonzalo Monroy, director general de GMEC y especialista en energía, considera poco probable que el gobierno estadounidense termine aplicando la medida. Sin embargo, advierte que México sigue expuesto por su dependencia de productos refinados importados.
“No hay ninguna solución de corto plazo, prácticamente todas las soluciones de una manera u otra implican tener que pagar más por el combustible”, señaló Monroy en entrevista.
El riesgo apareció después de que Trump respaldara la posibilidad de frenar las exportaciones de diésel. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, confirmó que la administración analizaba tanto una prohibición como restricciones parciales. No obstante, el secretario de Energía, Chris Wright, se pronunció contra la medida al advertir que podría elevar otros precios de combustibles en Estados Unidos.
El norte y Pacífico, entre los más expuestos
Monroy explicó que los estados cercanos a refinerías y terminales de Pemex cuentan con una posición logística diferente frente a entidades que dependen en mayor medida del combustible importado.
Entre las regiones que identifica como particularmente expuestas están Chihuahua, Sonora, Durango, Sinaloa, Nayarit y la península de Baja California.
Una eventual restricción estadounidense presionaría primero los precios internacionales. México tendría entonces que competir por cargamentos provenientes de otros mercados y asumir mayores costos de transporte.
“Pemex tendría que salir a comprar un combustible extremadamente más caro para poder alimentar esas regiones del país”, advirtió.
El especialista considera que PMI, el brazo comercial de Pemex, tendría que anticiparse mediante contratación de cargamentos y logística marítima para disponer de alternativas tanto en el Golfo de México como en el Pacífico si la restricción llegara a materializarse.
México todavía necesita diésel importado
Entre enero y julio de 2026, la empresa importó en promedio alrededor de 78,609 barriles diarios de diésel. La Base de Datos Institucional de Pemex muestra además una fuerte variación mensual: las compras pasaron de 37,510 barriles diarios en febrero a 130,821 en mayo y 90,495 en julio.
De acuerdo con las cifras proporcionadas para esta nota, las refinerías de Pemex produjeron en los primeros siete meses alrededor de 273,230 barriles diarios de diésel.
Monroy sostiene que buena parte del Sistema Nacional de Refinación tiene posibilidades limitadas de elevar significativamente su producción en el corto plazo.
La excepción, considera, es Dos Bocas, aunque estima que el aumento de producción de esa instalación se materializaría con mayor fuerza hasta 2027.
“La realidad es que buena parte de las refinerías ya están prácticamente en su pico”, dijo.
Por ello, considera que México tendrá que seguir importando combustibles aun con una mayor producción nacional.
Más almacenamiento, pero no es una solución inmediata
Para reducir la exposición del país, Monroy apunta a un problema estructural: México necesita más capacidad de almacenamiento.
El especialista plantea ampliar infraestructura para gas natural, petrolíferos e incluso petróleo, además de fortalecer la logística que permita abastecer distintas regiones desde fuentes alternativas.
Pero desarrollar terminales, ductos y almacenamiento requiere inversiones que toman años.
De ahí que, frente a una interrupción inmediata de las exportaciones estadounidenses, las alternativas serían limitadas y probablemente más caras.
El precio agrega otra presión
La discusión ocurre mientras el gobierno de Claudia Sheinbaum intenta contener los precios de los combustibles. El 31 de agosto, el gobierno y el sector gasolinero renovaron por seis meses la estrategia voluntaria para mantener la gasolina regular por debajo de 24 pesos y el diésel por debajo de 27 pesos por litro.
La política se apoya también en estímulos fiscales. A finales de agosto, por ejemplo, Hacienda otorgaba al diésel un estímulo equivalente a 6.0012 pesos por litro, 81.5% de la cuota del IEPS aplicable para esa semana.
Monroy recuerda como antecedente el choque energético de 2021-2022 y estima que, entre recaudación sacrificada y apoyos, el costo para el gobierno mexicano se aproximó entonces a 15,000 millones de dólares, más de 300,000 millones de pesos. Esta cifra corresponde a la estimación del especialista.
Su preocupación es que actualmente el espacio fiscal sea menor.
“Tenemos que ver qué tanto aguanta el gobierno subsidiando ese tipo de cosas”, señaló.
Una amenaza improbable, pero con una vulnerabilidad real
La eventual prohibición estadounidense todavía no es un hecho. Trump apoya la idea, pero su gobierno analiza sus consecuencias y funcionarios como Wright han advertido que reducir exportaciones podría obligar a las refinerías estadounidenses a disminuir procesamiento y terminar elevando el precio de otros combustibles.
Para México, sin embargo, el debate expone un problema que existe independientemente de la decisión de Washington.
El país ha incrementado su producción de combustibles y reducido importaciones, pero todavía necesita compras externas y enfrenta diferencias importantes de infraestructura y logística entre regiones.
En palabras de Monroy, no existe una salida inmediata: si Estados Unidos cerrara parcialmente la llave del diésel, México tendría alternativas, pero conseguirlas costaría más.










